Los crímenes del tango (Laura Badía, criminalista. Noelia Viader, ladrona 2) CAPÍTULO 58
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CAPÍTULO 58

La cara de Enric Sallent apareció una vez más en la pantalla. De fondo se veía un bosque frondoso.

―He salido a andar un poco. Necesitaba despejarme. Pronto cambiará la hora, así que quiero aprovechar estos últimos días en los que todavía hay luz cuando salgo del trabajo. ¿Estás sentada sobre una cama elástica?

Laura sonrió y apuntó la cámara del teléfono entre sus piernas.

―Es una pelota de pilates. Me resulta mucho más cómoda que una silla. En el hotel tienen un pequeño gimnasio y me prestaron una.

―¡Qué recuerdos! Le compré una a mi mujer en el primer embarazo y durante el tercer trimestre no se separó de ella. La regalamos cuando nació Manel. Con Aina compramos otra pero prácticamente no la usó. Le molestaba. Así que para el segundo hijo, ya sabes, la experiencia no siempre te sirve.

Antes de que la conversación siguiera tomando el color de «gente dándote consejos que no pediste, un clásico», Laura decidió ir al grano. Le resumió la charla que acababa de tener con Amalia Roveda.

―Interesante ―respondió Sallent―. Yo también tengo novedades.

La coartada de Florián Turnes es sólida.

Después del concierto estuvo toda la noche en El Garrepa, como nos dijo.

Es un pub con música bailable que abre hasta las tantas.

Conseguí una orden judicial para acceder a las cámaras de seguridad.

―¿Tenían las grabaciones de hace dos meses?

―Tuvimos mucha suerte: el sistema graba en baja calidad y el local solo abre los fines de semana, así que en el servidor están los últimos tres meses.

―¿Y Turnes cuántas veces sale en las grabaciones?

―Constantemente. Estuvo casi toda la noche justo debajo de la cámara. Si hubiera querido encontrar un sitio donde estar más vigilado, no lo habría logrado.

―¿ Casi toda la noche?

―Bueno, se levantó en ocasiones para ir al baño o para pedir en la barra. Pero para haber cometido el asesinato en alguno de esos momentos debería haber sido más rápido que Usain Bolt.

―¿Y Jorge Heredia, el cantante?

―Se lo ve con Turnes en algunos momentos, pero va y viene. No se queda quieto. El período más largo durante el que desaparece es de noventa y dos minutos.

―¿De esa cámara en concreto o de todas?

―Solo hay una cámara. Apunta directamente hacia la caja detrás de la barra.

―Bueno, al menos podemos eliminar con certeza a uno de la lista.

―Sí. Además de descartar a Turnes, las probabilidades de que haya sido Heredia son bajas. Una hora y media para salir del local, cometer un asesinato y volver a entrar es un margen muy justo, ¿no?

―Justo, pero no podemos desestimarlo. Sobre todo porque pasó por una institución religiosa con historial de abuso a menores.

Laura se quedó mirando a Sallent en la pantalla. El silencio fue demasiado largo como para achacárselo al retardo en la conexión. Otra vez el amargor de ir tras alguien que, con cada asesinato, podía estar haciendo de este mundo un lugar mejor.

―Continuemos ―dijo ella, reanudando el movimiento de la pelvis sobre la pelota―. Descartado Florián Turnes, nos queda el ángulo religioso-pederasta. En ese caso, deberíamos investigar el pasado de Oyarzo y Heredia. Será muy difícil porque, si sufrieron algún abuso, habrá sido hace muchos años.

―Para colmo, dentro de una institución más opaca que los bancos de mi país.

―Por otro lado, tenemos al binomio Oyarzo-Nemirovsky. Sabemos que Oyarzo intentó convencer a su pareja de que no volvieran a Andorra y que visitaron a una prostituta con aspecto de colegiala en Ámsterdam.

Sallent se pasó una mano por la barba con la lentitud de un gesto estudiado frente al espejo.

―Todos estos datos son relevantes, pero nuestra prioridad debería seguir siendo investigar las coartadas. ¿Qué hizo cada uno de ellos las noches de los asesinatos? No sabemos nada de Comodoro Rivadavia ni de Ushuaia, por ejemplo.

―El homicidio de Ushuaia es de hace más de un año y el de Comodoro, de hace ocho meses. Incluso si les hubiéramos preguntado qué hicieron en esas ciudades, posiblemente no lo recordarían. Además, no tendríamos manera de corroborarlo.

―¿Entonces, qué hacemos?

―Yo me centraría en las coartadas de Andorra en vez de dedicar tiempo a lo que pasó hace tanto tiempo en otros países. Si tuviera que jugármela, diría que la respuesta la vamos a encontrar en tu país.

―Sin presión para mí ―dijo Sallent entre risas―. ¿Y tú qué harás?

―Voy a seguir la pista religiosa. Y, en mis ratos libres, terminar de fabricar a mi hija.