Los crímenes del tango (Laura Badía, criminalista. Noelia Viader, ladrona 2) CAPÍTULO 53
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CAPÍTULO 53

Laura volvió a llamar a Sallent cuatro días después.

Esta vez ella no estaba en un hotel de Ushuaia, sino en el pequeño sofá de su oficina en Río Gallegos.

Había pensado mucho sobre la última conversación con el andorrano, y mientras más lo hacía, más se convencía de que Sallent tenía razón.

Descubrir al asesino era su trabajo. Y punto.

Valentina Sanahújar, su superiora, estaba de acuerdo.

En cuanto Laura le planteó el dilema, ella le recordó que era policía y no legisladora.

Fue un comentario severo y sin posibilidad de réplica que hizo que Laura admirara todavía más a su jefa.

Sanahújar sabía cuándo guardar la zanahoria y sacar el palo.

La cara de eterna resaca de Sallent apareció en la pantalla.

―Ningún integrante de la orquesta tiene antecedentes en Argentina relacionados con la pedofilia ni la prostitución ―expuso Laura―. Tampoco aparecen en la base de datos de víctimas de agresiones sexuales.

Sallent asintió. Seguramente sabía tan bien como ella que una gran parte de las víctimas de abuso no lo denunciaban nunca y, por lo tanto, no haber encontrado un registro no significaba que no hubiese sucedido.

―¿De los dos extranjeros se sabe algo?

Sallent se refería a Carolina Samengo y a Sergio Nemirovsky.

La joven bandoneonista, aunque tenía pasaporte argentino, no había salido de Colombia hasta los veintinueve años.

Y el contrabajista y profesor de tango, que llevaba más de dos décadas residiendo en Argentina, había nacido y pasado su infancia en Uruguay.

―Estoy esperando los informes de las policías colombiana y uruguaya. Pero el verdadero motivo por el que te llamo es que encontré dos datos peculiares. Uno es que Daniel Oyarzo, uno de los violinistas, fue a un colegio de curas, primario y secundario, en Comodoro Rivadavia.

―La ciudad donde apareció una de las víctimas.

―Sí. Pasó ahí la infancia y adolescencia. Después se mudó a Buenos Aires. Escuchá: de joven, Oyarzo fue monaguillo. En tercer año del secundario se cambió a un colegio laico poco después de mitad de año.

―¿Y eso por qué es relevante?

―Resulta extraño que un adolescente se cambie de colegio en pleno ciclo lectivo. Pero si a eso le sumamos que el cura del colegio del que se fue había recibido, diez años antes, una denuncia por abuso sexual, la cosa toma otro color, ¿no?

―Pues sí.

―El otro dato interesante es que Jorge Heredia, el cantante, fue seminarista de los Franciscanos. Abandonó cuando llevaba un año y medio.

―¿Y contra ese seminario también hay denuncias?

―Varias. Una de ellas presentada por la madre de Heredia. Jorge tenía quince años cuando entró. Era menor de edad.

Hubo un silencio mientras Sallent digería todo aquello.

―Tienes que seguir esas dos pistas.

―No me digas.

El sarcasmo le sirvió a Laura para esconder el agobio de tener que resolver el caso antes de parir. Y la angustia de que, con cada día que pasaba, era más probable que para lograrlo tuviera que tomar decisiones poco respetuosas con su cuerpo.

Y como si un pensamiento pudiera invocar la mala suerte, en ese momento la barriga se puso dura como una piedra y un dolor le invadió el abdomen.

La primera contracción había llegado ocho semanas antes de la fecha esperada.