CAPÍTULO 47
Noelia colgó y se quedó mirando el teléfono.
Después lo estrelló contra la pared.
Tanto trabajo. Tanto tiempo. Y Laura Badía con esa voz de funcionaria que se limitaba a señalar los pormenores del acuerdo como si no supiera perfectamente todo lo que Noelia le había hecho avanzar.
Había reducido la búsqueda de manera abismal.
Eso era real. Que la policía no hubiera sido capaz de detener a nadie, al menos de momento, no era culpa suya.
Se acercó al teléfono roto y lo remató de un pisotón.
Después se permitió respirar un par de veces antes de dar cuatro zancadas hasta el armario, apartar la ropa e introducir la clave de la pequeña caja fuerte.
Con el pasaporte falso en la mano, se sentó frente a su portátil. La página de la aerolínea cargó despacio, como una premonición. Introdujo los datos. Buenos Aires, dentro de dos días.
Confirmó la compra antes de poder pensárselo demasiado.
Cerró el portátil y se quedó mirando la pared. Había que estar completamente loca para volver a Argentina a ayudar a Mac. Para meterse de lleno en la boca del lobo.
Loca o perdidamente enamorada. Que, más o menos, era lo mismo.