CAPÍTULO 40
El siguiente en pasar por la sala de interrogatorios fue Daniel Oyarzo, el otro violinista.
―Nadie se opuso a volver a Andorra ―le respondió a Sallent con voz monótona mientras apoyaba los antebrazos llenos de tatuajes en la mesa de madera―. ¿Por qué hacerlo? Es trabajo. Además, la primera vez habíamos quedado todos muy contentos. Fue un éxito.
Laura lo observó detenidamente. Incluso debajo de la ropa holgada se notaba la musculatura definida de Oyarzo.
Las venas marcadas en el cuello le daban textura al tatuaje de un gorila enseñando los dientes.
Así como Emilia Durán les había dicho que Heredia iba a misa cada domingo, estuviera en la ciudad que estuviera, Laura se imaginó a Oyarzo buscando un gimnasio en cada destino para no saltarse la rutina.
Hoy, bíceps y pecho en Budapest; pasado mañana, piernas en Viena.
Aunque, a juzgar por los dibujos en la piel que asomaban por los puños, quizás también buscaría iglesias. Tenía una gran cruz manchada de sangre en el dorso de cada mano.
―¿Es usted muy religioso? ―preguntó Sallent, como si le hubiera leído la mente a Laura.
―Sí. Fui monaguillo.
―No sé si sabe que uno de los copríncipes de Andorra es un obispo. Está usted intentando entrar en el país más católico del mundo después del Vaticano.
―¿Y eso qué tiene que ver?
―El octavo mandamiento. « No darás falso testimonio ni mentirás».
―No pienso mentirle.
―¿Qué hizo después de la milonga?
―Fuimos a dar una vuelta con Sergio por la ciudad.
―¿Se refiere a Sergio Nemirovsky, el contrabajista?
―Sí, es mi pareja. Nos gusta recorrer las ciudades de noche, cuando todo está en calma.
Oyarzo relató el paseo. La descripción coincidía sin discrepancias con la que había dado su pareja.
―Nemirovsky nos ha dicho que en Andorra se quedaron en un hotel diferente al resto de la banda.
―Correcto.
―¿En Ámsterdam también?
―Sí, las noches que estuvimos juntos, sí.
―¿Hubo noches que no estuvieron juntos?
―Sí, a Ámsterdam yo llegué dos días antes que el resto porque me invitaron a una clínica de lutería especializada en bandoneones.
Eso coincidía con los pasajes que les había proporcionado Durán. Oyarzo había sido el único miembro de la banda en llegar antes a la capital holandesa.