Los crímenes del tango (Laura Badía, criminalista. Noelia Viader, ladrona 2) CAPÍTULO 39
43%

CAPÍTULO 39

Algún día escribiré todo. Aunque soy de números y no de letras, me interesa. No algo sobre tango. No, yo escribiré mi autobiografía.

―Alma de Arrabal, ¿no? ―me pregunta el pingüino.

―Sí. ¿Cómo me reconociste?

Si él supiera por qué estoy ahí, la única forma de que me entendiera sería con un libro entero explicándole mi vida. Y quizás, sólo quizás, podría ponerse en mi lugar.

―Los fui a ver en la milonga de Riendas Sueltas. Hicieron un show espectacular. Felicitaciones.

―Gracias.

Riendas Sueltas es el restaurante donde hicimos nuestra última actuación en Bariloche, hace un año.

―Acá tiene ―me dice el empleado de la ferretería.

El pingüino mira los tubos metálicos sobre el mostrador. Sus ojos pequeños alternan entre los segmentos de un diámetro y los del otro. Su ceño se frunce ligeramente.

«No te emparanoies», me digo mientras pago en efectivo.

―¿Cuándo volvés a tocar en Bariloche? ―me pregunta.

La respuesta es «muy pronto», pero no pienso decírsela.

―Ni idea. Ahora estamos en un impasse.

―¡No me digas! ¿Algún problema grave?

Le dedico una sonrisa breve mientras recojo los tubos del mostrador.

―Nada grave. Lo de siempre ―le respondo, y salgo de la ferretería.

Afuera, el frío me golpea en la cara. Si algún día escribo mi libro, este capítulo va a ser muy corto. Una anécdota simpática: el encuentro en una ferretería con un fan medio pingüino.

El próximo, sin embargo, será mucho más jugoso.