CAPÍTULO 36
La siguiente entrevista fue con Sergio Nemirovsky, contrabajista y profesor de tango. Sallent repitió lo del narcotráfico y le preguntó si alguien había opuesto resistencia ante la idea de tocar en Andorra una segunda vez.
―Para nada. Estuvimos todos de acuerdo.
―¿Se llevan bien entre ustedes?
―Sí, aunque con unos más que con otros. Los roces son inevitables.
―¿Y usted con quién ha tenido más roces?
A través del vidrio Laura vio cómo la ligera expresión de preocupación de Nemirovsky mutaba en una sonrisa que acentuó el hoyuelo en la barbilla.
A pesar de que le hubieran venido bien unos kilos más, Nemirovsky era uno de esos hombres rabiosamente atractivos.
El lóbulo ausente de la oreja derecha le daba un toque de imperfección que lo hacía aún más llamativo.
Y luego estaba la cabeza afeitada. Con Julián, Laura había descubierto que le encantaban los pelados.
―¿Qué es lo que le parece gracioso? ―le preguntó Sallent al contrabajista.
El hombre carraspeó, luchando por contener la risa.
―Es que la pregunta... En sentido literal, con quien más roces tengo es con Daniel. Somos pareja desde hace dos años.
―¿Se fueron juntos o separados después de la actuación?
―Juntos. Caminamos un buen rato por la ciudad y después volvimos al hotel .
―¿Sería capaz de describir el itinerario que hicieron?
―Ni idea.
―¿Se alojaron en la misma habitación?
―Sí.
―¿En el mismo hotel que el resto de la orquesta?
―No.
―¿Por qué?
―Porque por el precio de dos habitaciones en un hotel de tres estrellas se puede pagar una en uno de cuatro. Al resto de la orquesta le parece bien. Daniel y yo vamos a hoteles mejores porque compartimos habitación.
―¿En ningún momento se separaron esa noche?
―En ningún momento ―dijo el hombre y se puso a toser.
―Hagamos un descanso si quiere. ¿Le busco un caramelo de miel?
Nemirovsky negó con la cabeza y sacó del bolsillo unas pastillas de mentol.
―No se preocupe ―dijo, metiéndose una en la boca―. Los cambios de temperatura siempre me afectaron muchísimo. Continuemos.
―Muy bien. Pasemos a Ámsterdam, entonces. ¿Recuerda qué hizo la madrugada después de la actuación?
―Lo mismo que en Andorra: recorrer la ciudad con Daniel. Estuvimos sobre todo por el Barrio Rojo.
―¿Con algún otro miembro de la banda?
―Solo nosotros dos. Y antes de que me pregunte, no nos separamos en ningún momento.
Sallent dejó un silencio. Era una de las técnicas favoritas de Laura. Si el hombre le estaba ocultando algo, quizás comenzaría a justificarse más de la cuenta. Pero Nemirovsky se limitó a esperar la siguiente pregunta.
―¿Qué le pasó en la oreja?
―¿Disculpe?
―¿Qué le pasó en la oreja?
―Si le soy sincero, ya me estoy cansando de que me interrogue como si fuera un criminal. Déjeme pasar a su país o no, pero no me haga perder más el tiempo, por favor. Yo tampoco se lo voy a hacer perder a usted. Esta conversación se terminó.