CAPÍTULO 28
Al día siguiente de hablar con Durán, Laura entró al edificio de la policía andorrana a las nueve de la noche.
Recién llegada de Málaga, se había ido a descansar a su hotel hacía apenas dos horas, pero Sallent le acababa de avisar de que la representante había enviado las copias de los pasaportes e itinerarios de la orquesta.
Mientras subía en el ascensor, Laura se dio cuenta de que por primera vez en su vida preferiría que la investigación se estancara.
Le quedaban solo diez días en Europa y tarde o temprano tendría que volver a Barcelona para reencontrarse con Julián, despedirse de sus suegros y regresar a la Patagonia.
Que las cosas avanzaran lo hacía todo más difícil.
Enric Sallent la esperaba en la oficina de Núria Villaró. Sobre un escritorio, las fotocopias de los pasaportes de los siete integrantes de la orquesta estaban dispuestas en una cuadrícula. Debajo, los billetes de avión, autobús y tren en los que cada uno se había movido por Europa.
―Mi despacho es muy pequeño, así que Núria nos ha cedido la mitad del suyo ―dijo señalando el escritorio―. No sé cómo se lo monta, pero tiene más espacio que el director.
La mujer chasqueó la lengua y despegó los ojos de la pantalla para saludar a Laura con gesto amable.
―Yo estoy aquí por el ordenador. El resto del trabajo lo hago en el laboratorio ―explicó, y volvió a darles la espalda para seguir tecleando a toda velocidad.
Sallent apoyó las yemas de los dedos sobre los documentos .
―Pensé que habría algo más revelador, pero en la actuación de Andorra todos los integrantes llegaron y se fueron juntos salvo Turnes, que vino dos días antes.
―Eso es algo.
―Sí, pero en la de Ámsterdam, Turnes llegó con el resto en el mismo vuelo. La única excepción fue Oyarzo, el violinista y luthier, que viajó dos días antes.
Laura miró los papeles.
―¿Y qué hay de las ciudades de la gira donde no se encontraron homicidios?
―Esas sí son una locura logística, como nos dijo Durán. Algunos llegan un día antes. Otros se van después. De momento no he encontrado ningún patrón.
―Quizás el patrón sea lo otro. Cuando hay asesinatos, viajan juntos.
―¿Qué explicación tendría eso?
―No lo sé. Solo es una hipótesis. Quizás el asesino no quiere destacar cuando sabe que va a actuar.
―Tenemos que interrogarlos. Uno a uno.
Laura asintió con la boca torcida.
―¿Qué pasa? ―le preguntó Sallent.
―Que no sabemos si el asesino es uno de ellos.
―Ya hemos dicho que cualquier otra cosa sería demasiada casualidad.
―No me refiero al azar. Me refiero a que alguien podría estar siguiendo los pasos de la orquesta.
―¿Un seguidor de Alma de Arrabal que va asesinando donde ellos actúan? ¿Qué sentido tiene?
―No lo sé. Pero si alguien estuviera intentando desviar la atención, lo está logrando.
―Yo creo que deberíamos interrogarlos.
―Sería útil, pero hay que hacerlo con mucho cuidado. Podríamos poner al asesino sobre aviso.
―Es la única manera de avanzar. Ya nos hemos centrado en las víctimas. Hay un patrón claro. Hombres, de madrugada y con el mismo modus operandi . Por ahí no creo que encontremos nada más.
―No hay que olvidarse de las discrepancias. La ausencia del vinilo en el homicidio de Ushuaia, por ejemplo.
―O el tipo de madera ―intervino Núria Villaró sin dejar de mirar sus pantallas―. El proyectil que le introdujeron en el hueco del disparo a Pedro Sierra en Comodoro Rivadavia tenía restos de eucalipto en vez de pino.
―Los dos son árboles de crecimiento muy rápido ―explicó Laura―. En construcción se usan de manera intercambiable. Botánicamente son especies muy diferentes, pero ambas producen madera blanda y barata.
―Con ese dato, me recuerda usted a Sherlock Holmes ―apuntó Sallent con admiración―. ¿También lee monografías sobre venenos, cenizas de cigarros o tipos de maderas y sus aplicaciones?
―Por supuesto. Además, fumo pipa y me inyecto cocaína diluida de vez en cuando, aunque ahora que estoy embarazada, menos.
A Sallent se le puso la cara de piedra. Laura dudó si le había parecido una broma de mal gusto o realmente lo había interpretado de manera literal.
La convivencia con Julián le había enseñado que una relación entre dos personas de diferentes partes del mundo estaba minada de pequeñas diferencias culturales que aparecían en los momentos más inoportunos.
―Es un chiste ―aclaró―. Mi pareja pasó un año reformando un hotel que se caía a pedazos. Nos convertimos en verdaderos expertos en materiales de construcción.
Sallent se quedó pensando en la respuesta. Por unos segundos, el único sonido en la sala fue el del teclado que Núria Villaró aporreaba ahora con más velocidad que nunca.
―Tenemos que interrogarlos lo antes posible ―insistió el andorrano.
―Están en suelo español. ¿Andorra tiene un mecanismo aceitado para colaborar con la policía española ?
―Aceitado, lo que se dice aceitado, cuando se trata de cuestiones diplomáticas, no hay nada. Una tarea conjunta va a llevar semanas.
―Yo ya no estaré, entonces.
―Laura, usted me está empezando a caer bien. No pienso perderme la posibilidad de interrogar a esos siete a su lado.
―Si me está proponiendo que los secuestremos en España y los traigamos acá, voy a tener que rechazar la oferta. No estoy para grupos comando ―dijo señalándose la barriga.
Sallent emitió un pffff sonoro.
―Viendo que es usted una floja, recurriremos a mi plan B.
―Soy toda oídos.
Sallent empezó a decir algo, pero un grito estalló en la sala. Núria Villaró acababa de alzar el puño y lo sacudía como un futbolista que celebra un gol.
―¡ La Cumparsita ! ―exclamó señalando una de sus tres pantallas―. Los fragmentos de vinilo pertenecen a La Cumparsita .
―¿En serio lo tienes? ―preguntó Sallent―. ¿No era que nos íbamos a morir de viejos antes de que el programa encontrara la respuesta?
―Buscando al azar, sí. Pero Laura sugirió centrar la búsqueda en los tangos más famosos.
―Tiene sentido. La Cumparsita es uno de los más conocidos a nivel mundial ―concluyó Laura―. Seguramente estará entre los más reproducidos por cualquier servicio de música.
―¿Hay margen de error? ―quiso saber Sallent―. ¿Puede tratarse de un falso positivo?
―No ―zanjó Núria―. Un fragmento de audio es como una huella digital.
Y este corresponde a la grabación de La Cumparsita de 1943 por la orquesta de Juan D'Arienzo, que es una de las versiones más populares.
Lo interesante es que de los tres fragmentos de los que disponemos, todos coinciden, en uno de sus lados, con esta versión.
―¿Y en el otro lado del vinilo?
Villaró miró a Sallent por encima de sus gafas redondas.
―En los tres segundos que han pasado desde que he descubierto esto no he tenido tiempo para estudiarlo.
Sallent se disculpó mostrando a su colega ambas manos. Después se giró hacia Laura.
―Al final, Noelia Viader sabía de lo que hablaba cuando decía que los asesinatos estaban relacionados con el tango.
Laura asintió. Cuando la ladrona le había enviado el artículo sobre la bala en el corazón de Gardel, su primera reacción había sido asumir que se trataba de un conspiranoico malinterpretando una coincidencia.
Cuando les reveló la presencia de Alma de Arrabal en el lugar y momento de los crímenes, ya olía, como decía Julián, a chamusquina.
Pero con lo que acababa de descubrir Núria Villaró, no quedaba ninguna duda.