CAPÍTULO 20
Laura llegó a casa de los padres de Julián cerca de la medianoche.
Después de la videollamada con Noelia, le había pedido a Sallent que la acompañara a cenar porque estaba muerta de hambre.
Durante la comida, Laura entendió que el policía andorrano habría querido nacer en Baltimore, en París o en Buenos Aires para tener cada día un homicidio con el que obsesionarse.
A pesar de que Laura le había avisado a Julián que cenaría con Sallent y que no hacía falta que la esperara despierta, al entrar en la casa se lo encontró mirando la tele en el sofá del comedor.
―Hola, amore ―la saludó con una sonrisa incómoda.
―Estoy molida ―respondió ella, tirándose en el sofá y acurrucándose en su pecho.
Julián le acarició el vientre y habló en un tono suave para no despertar a sus padres.
―Me tienes un poco preocupado. Pareces haberte olvidado de que estamos de vacaciones.
―Juli, ya sabés cómo es mi trabajo.
―Sí, te demanda constantemente. Pero ¿no eres tú la que decide si atiende o no a esas demandas?
―Llevamos dos años juntos. ¿Recién ahora te das cuenta de esto?
―No, pero creía que solo eras así cuando estabas de servicio. Me imaginaba que en las vacaciones podrías poner en pausa el modo «adicta al trabajo». ¿No puedes retomar esto cuando volvamos a Argentina?
Laura lo fulminó con la mirada.
― Amore ―insistió Julián―, nos quedan dos semanas en Barcelona.
―Lo sé, y por eso es muy importante que las aproveche al máximo. Además, la palabra adicta debería responder a tu pregunta. ¿Un fumador deja el tabaco cuando está de vacaciones? ¿Un alcohólico deja de beber?
―Ay, por favor, Laura. No hagas esas comparaciones.
―Fuiste vos.
Julián soltó todo el aire de los pulmones, le dedicó una sonrisa y le pasó una mano por el pelo.
―Estás embarazada. Creo que no deberías forzar tanto la máquina, nada más. Seguirá habiendo asesinatos hasta el día que te mueras. Eso no quiere decir que tengas que resolverlos todos tú.
Laura hizo un esfuerzo por no reaccionar mal. Estaba cansada y con las hormonas más revolucionadas que nunca. Sabía que Julián le hablaba desde el cariño, pero aun así le molestaba que se metiera en sus cosas.
―Si supieras los detalles del caso en el que estoy trabajando, me entenderías.
―Cuéntamelos.
Laura negó con la cabeza. En dos años jamás le había hablado de un homicidio, y no por falta de ganas.
Más de una vez hubiese querido desahogarse durante un caso particularmente difícil, pero estaba convencida de que había ciertas imágenes que, una vez plantadas en el cerebro de alguien, ya no podían borrarse.
Era ella quien había decidido vivir a diario entre cadáveres, sangre, heridas, armas... No él.
Ni siquiera podía explicarle que estaba ante una oportunidad única para su carrera. En cuanto mencionara que iba detrás de un asesino en serie, Julián empezaría, tarde o temprano, con preguntas morbosas. Era parte de la naturaleza humana.
―Sabés que prefiero no hablarte de mi trabajo. Basta con que sepas que este caso es muy importante.
Julián se mordió el labio.
―Es muy difícil entender sin saber.
Laura se escondió detrás de una sonrisa con sorna.
Si realmente le contaba lo que estaba pasando, incluyendo que le habían apuntado con un arma al abdomen y la habían maniatado en un hotel, Julián la daría por loca.
Y era posible que tuviera razón. O quizás un civil, por más que lo intentara, jamás podría comprender lo que significaba ser policía.
En cualquier caso, Laura no quería que él pensara que ella estaba en peligro.
Menos ahora, que iba siempre acompañada de Pichona.
―Julián, me conociste así. No me traigo el trabajo a casa.
―Pues te lo has traído a las vacaciones.
―¿Y vos no? ¿No te estás reuniendo con agencias de viajes?
―Son unas pocas visitas en esta misma ciudad. Tú te fuiste dos días a Andorra y ahora llevas otros dos desaparecida.
―Por favor, Julián. No estoy para sermones.
―No te estoy pegando la chapa. Solo quiero saber por qué no podemos disfrutar de unas vacaciones normales, sin muertos ni problemas.
―Estoy cansada y me quiero ir a acostar. Tengo una hija que seguir fabricando mientras vos mirás televisión.
Sin darle oportunidad de responder, Laura se levantó del sofá y se fue a dormir.