CAPÍTULO 19
Donde tendría que haber aparecido la cara de Noelia Viader, Laura vio un rectángulo negro. No la sorprendía. Ahora que la policía sabía dónde estaba, la ladrona tomaría todas las precauciones para no mostrar su verdadera apariencia. Como, por ejemplo, tapar la cámara durante una videollamada.
―Entiendo que, si me has contactado, es porque me crees ―dijo Viader.
―Te creo. Y me gustaría contar con tu ayuda.
―¿A cambio de qué?
―Ya sabés de qué.
―Dilo. Será nuestro contrato.
―Si detenemos al asesino gracias a la información que nos des, desaparece la impresión dactilar de Augusto Ferrari, alias «Mac», del juzgado de Río Gallegos.
―¿Cómo sé que no me mientes?
―No diría lo que acabo de decir en una videollamada que evidentemente estás grabando.
―¿Y tú no?
Laura reprimió el impulso de quitar la vista de la pantalla. A su derecha, fuera del rango de la cámara, Enric Sallent y su amigo mosso d'Esquadra escuchaban la conversación. Habían movido los muebles de la sala de interrogatorios para que detrás de Laura solo se viese una pared blanca.
―También la estoy grabando, claro.
―Pues cada una tiene su copia del contrato, entonces.
―Muy bien, pero no te confundas. Seguimos en bandos contrarios.
―Por supuesto, comisaria inspectora.
―Y quiero poner todas las cartas sobre la mesa. Haciendo lo que voy a hacer me estoy jugando la carrera. Así que si en algún momento detecto que la información que me pasás es falsa...
―El trato se cancela. No hace falta que lo digas.
―No solo eso. ¿Vos sabías que los presos no son todos iguales?
Como te imaginarás, el sistema penitenciario emplea muchos más recursos en mantener en orden a cien asesinos violentos que a cien evasores de impuestos en edad jubilatoria.
Unos se apuñalan hasta con un cepillo de dientes. Los otros juegan a las cartas.
―No sé adónde quieres llegar.
―A que la vida de un preso puede ser llevadera o un infierno según el pabellón al que lo asignen.
Noelia Viader no respondió.
―Si descubro que me mentís, voy a asegurarme de que Ferrari cumpla la condena rodeado de violadores, traficantes y asesinos. ¿Te queda claro? Así que si ahora o en cualquier momento pensás en engañarme, tenelo presente.
Noelia se aclaró la garganta antes de contestar.
―En breve recibirás noticias mías, Laura.
La videollamada se cortó. Seguramente la policía española ya estaba intentando rastrearla.
Y probablemente no lo lograrían. Viader sabía moverse por internet sin dejar rastro.
Pero no por eso iban a dejar de intentarlo.
Ya lo decía la vieja máxima policial: para atrapar a un delincuente, basta con que se equivoque una sola vez.
Laura sonrió satisfecha. La advertencia final había sido un buen toque. Ninguna ladrona iba a creerse que una policía de repente se convertiría en su amiga. Pero dejándole claro que esto era solo una tregua, la mentira ganaba credibilidad.
Un asesino en serie y una prófuga internacional eran dos buenos pájaros para matar de un solo tiro antes de la licencia por maternidad.