Los crímenes del tango (Laura Badía, criminalista. Noelia Viader, ladrona 2) CAPÍTULO 12
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CAPÍTULO 12

El hotel Bastaixos era limpio y moderno. Cuatro estrellas. Piscina en la azotea, spa, sauna y gimnasio. Aunque a Laura le habría encantado hospedarse allí, le parecía que se quedaba corto para la líder de un robo a una mina de oro.

Sobre el escritorio había una computadora portátil enchufada a la pared. De pie, Noelia tecleó una contraseña inusualmente larga, abrió un documento e invitó a Laura a sentarse en la única silla frente a la pantalla.

Era una noticia de un periódico de Comodoro Rivadavia, fechada seis meses atrás. Daba cuenta del asesinato de Pedro Sierra, un hombre de cincuenta y cinco años muerto por un disparo de escopeta a corta distancia, a diez kilómetros del centro de la ciudad.

―Aquí tienes otro.

―¿Cómo sabés que está relacionado con los homicidios de Reláñez y Wachter?

―Porque también lo mataron de madrugada y además encontraron un pequeño triángulo negro dentro de uno de los ojos. ¿Quieres adivinar de qué material estaba hecho?

―Decímelo vos.

―Vinilo. Igual que el del crimen de Andorra.

Laura sonrió. Era inútil seguir jugando a que no sabía nada.

―¿Cómo sabés que esta víctima también tenía un trozo de vinilo en el ojo? Lo de Andorra es información pública porque el cuerpo lo encontró un periodista, pero en este artículo de Comodoro Rivadavia no dice nada de eso.

―Este no es el único artículo que hay sobre la muerte de Sierra.

Hay otros periódicos locales, foros, blogs y, sobre todo, publicaciones en redes sociales.

Solo hay que saber buscar. Lo que no me explico es cómo yo he podido encontrar esta coincidencia pero la policía no. ¿Interpol no está para casos así?

Laura sí se lo explicaba. Al contrario de lo que mucha gente creía, Interpol no era un cuerpo de policía, sino una asociación de policías de todo el mundo.

Laura la veía más como un canal que como una institución.

A través de Interpol se enviaban y recibían circulares clasificadas por colores.

El rojo era para prófugos, como Viader. El púrpura, para modus operandi de delincuentes sin identificar, como el que había enviado la policía de Tierra del Fuego ante el caso de Reláñez.

En definitiva, la respuesta a la pregunta de Noelia Viader era que Interpol solo servía si la policía que investigaba el delito decidía enviar una circular y alguno de los que la recibían detectaba una coincidencia en su país.

Pero Laura no dijo una palabra de todo esto. Esperó a que Noelia Viader siguiera hablando.

―El triángulo de vinilo no da lugar a dudas: el homicidio de Comodoro Rivadavia está relacionado con el de Andorra.

Y las astillas de pino en la bala disparada con antelación dejan claro que el de Andorra está, a su vez, relacionado con el de Ushuaia.

No lo he confirmado, pero apostaría fuerte a que en la autopsia de Comodoro Rivadavia también encontraron una bala disparada previamente.

Laura se recostó un poco sobre la silla para aliviar el dolor que comenzaba a sentir en las lumbares.

―Te estarás preguntando por qué el muerto de Ushuaia no tenía el triángulo en el ojo ―aventuró Noelia.

Laura se encogió de hombros. Podía pensar en al menos dos motivos, pero no iba a ponerse a hacer una lluvia de ideas con una delincuente prófuga como si fueran colegas.

―También puedo ayudarte con eso ―añadió Noelia con una sonrisa.

―¿Con qué?

―Sé lo que une a todos los crímenes.

―Supongo que el tango ―aventuró Laura―. Por algo me habrás mandado el artículo sobre Gardel.

―Hmmm, tibio, tibio. Está relacionado con el tango, sí, pero me refiero a algo mucho más concreto.

Tengo la clave que relaciona los asesinatos de Ushuaia, Comodoro Rivadavia y Andorra.

El elemento que hace que todo cobre sentido.

Y no tiene nada que ver con la bala, ni con el pedazo de vinilo ni con ninguna de las evidencias encontradas en los cadáveres. ¿Te interesa?

―No puedo responderte porque no sé exactamente qué me estás ofreciendo.

―Nombres y apellidos de los posibles asesinos.