2012
Fin de semana
Pasadas las siete de la tarde. Helgi había ido a un café después de su reunión con Broddi, llevando consigo la novela de Peter Duluth, que terminó mientras tomaba un café.
Decidió cenar allí también, pidió un sándwich club con patatas fritas y disfrutó de la comida con calma, aprovechando la oportunidad para relajarse.
No había tenido noticias de Bergthóra ni había hecho ningún esfuerzo por contactarla.
Solían evitarse después de una de sus discusiones acaloradas, que, por desgracia, se habían vuelto cada vez más frecuentes con los años.
A veces se permitía preguntarse si habrían llegado al final de su relación, pero ninguno de los dos había expresado esa posibilidad con palabras, al menos no en serio.
En el fondo, se sentía completamente desmoralizado por el estado de su relación.
Helgi no se levantó ni se marchó de inmediato, a pesar de haber terminado su libro y su comida hacía rato.
Había estado repasando su conversación con Broddi y le costaba entenderlo.
Claro que debía de ser difícil para él hablar de lo que le había pasado, sobre todo porque había sido el único detenido como sospechoso.
Lo habían mantenido bajo custodia y obligado a ver cómo la prensa lo difamaba.
Helgi se había esforzado por revisar todos los archivos de periódicos antes de empezar su tesis, y era evidente, por lo que había leído, que la prensa se había ensañado con el pobre hombre.
Era el chivo expiatorio perfecto, según Helgi; la única persona que trabajaba en el hospital que podía ser considerada un forastero.
El personal médico se protegía entre sí, pero nadie se había preocupado por el conserje, a pesar de que llevaba allí más tiempo que la mayoría.
En aquellos tiempos en que la enfermedad altamente contagiosa se cobraba tantas vidas, debió de requerirse verdadero coraje y resistencia, reflexionó Helgi, para trabajar en el sanatorio, ya fueras médico, enfermero o cuidador.
Había leído algo sobre la época, pero no podía imaginarse realmente cómo serían las condiciones.
El principal interés de Helgi al hablar con Broddi era comprender mejor el tiempo que había pasado en prisión y el impacto que esa experiencia había tenido en él.
Habría sido una historia interesante, pero tendría que esperar, al menos por el momento.
Helgi no había perdido del todo la esperanza de poder convencer al viejo conserje de que se sincerara.
Pero, por ahora, lo siguiente en su agenda era ver si Tinna aceptaba charlar con él.
Sonó su teléfono. Era Bergthóra.
Helgi estaba a punto de contestar, pero en el último segundo cambió de opinión y se puso de pie.
Era hora de reconciliarse tras la pelea del día anterior, y sería mejor tener esa conversación en persona, ya que sus reconciliaciones casi siempre terminaban en la cama.
Pagó y salió corriendo al anochecer. Se percibía un claro aire primaveral, pero seguía haciendo un frío intenso.
No se había abrigado lo suficiente y ahora lamentaba no haberse puesto la chaqueta de plumas, pero eso habría sido una señal de rendición, una admisión de que la primavera islandesa no era más que una ilusión, nada más que invierno disfrazado.