Los crímenes del Estanque Azul (Inspectora Lesley Clarke 7) Capítulo 85
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Capítulo 85

CAPÍTULO OCHENTA Y CINCO

Dennis seguía molesto consigo mismo por no haber sido más asertivo con el subinspector Gough.

Crimen Organizado se había encargado de la detención, a pesar de sus protestas.

Si se hubiera esforzado más, habría resultado vergonzoso, con Kyle Kelvin observándolos con esa horrible sonrisa de suficiencia en la cara. Por no mencionar a la anciana.

También estaba molesto consigo mismo por no haber convencido a su esposa, Pam, para que lo acompañara a la boda.

A ella nunca le habían gustado los saraos de la policía, pero esto no era trabajo. Era una boda. Además, se había despertado con uno de sus dolores de cabeza, de esos que significaban que necesitaba que la dejaran a solas en una habitación a oscuras. Si él no quería perdérselo, tendría que ir solo.

Pero no estaba solo, ¿no? Stanley estaba allí, y Gail con su niño pequeño. Ninguno de los dos tenía cónyuge a quien traer.

Se recostó en la silla y dio un sorbo al coñac que Gail le había traído. Estaba bueno. Fuerte. Pam lo olería en su aliento y no le haría ninguna gracia.

Pero se lo había ganado .

Sintió una mano en el respaldo de su silla y se dio la vuelta.

—Mike —dijo—. ¿Cómo está el bebé?

—Se ha quedado frito en la sillita —respondió Mike—. Tina y yo esperamos poder relajarnos un poco.

Dennis sonrió a Tina, que estaba inclinada sobre un cochecito en un rincón apartado. Aquello le trajo recuerdos.

—Formáis una familia encantadora —dijo.

—Gracias —respondió Mike, que parecía nervioso.

—¿Todo bien? —le preguntó Dennis.

—¿Podemos hablar un momento en privado? —Mike se tiró de la corbata.

Dennis miró a Stanley, que estaba enfrascado en una conversación con Gail.

—Claro. —Se levantó de la silla y siguió a Mike fuera de la sala. Al pasar junto a Tina, Mike le agarró el brazo y le susurró algo al oído.

Fuera del salón de celebraciones, Mike se detuvo y se apoyó contra una pared. Dennis lo observó.

—Pareces nervioso —dijo.

—¿Ah, sí? Lo siento. Sí. —Mike volvió a mirar hacia las puertas del salón—. Tina y yo queríamos preguntarte si podemos compartir la baja de maternidad. Fue idea de la inspectora...

—En ese caso, no hay mucho que yo pueda hacer para impedirlo.

—¿Te parece bien?

—Tú eres un cabo con más experiencia que Tina —suspiró Dennis—, pero ambos sois miembros valiosos del equipo. Y estoy seguro de que, esté quien esté de los dos en la oficina, tendremos un dos por uno.

—Lo siento —dijo Mike al tiempo que le dirigía una sonrisa tímida.

—No pasa nada. Ella nos ayudó a identificar al asesino.

—O asesinos .

—No creo que lleguemos a saberlo nunca.

—No.

Dennis miró a Mike. El cabo no le sostenía la mirada.

—¿Hay algo más, Mike?

—Podría decirse que sí. —Mike dio una leve patada a la pared. Seguía sin mirarlo a los ojos.

—¿Un problema?

—No lo sé.

—Dime de qué se trata. Hace frío aquí fuera.

—Stanley encontró unos extractos bancarios. Bueno, los de la científica, pero Stanley me lo contó. —Mike levantó la vista y se frotó un brazo como si acabara de notar el frío.

—¿Y por qué me lo cuentas ahora? —Dennis volvió a mirar hacia las puertas—. ¿Es una prueba en el caso Kelvin?

—Los extractos bancarios mostraban dinero que salía de la cuenta de Kelvin. Pagos periódicos.

—¿A quién? —Dennis sintió que se le tensaba la piel.

—A... a su hijo. O al menos, a alguien con el mismo nombre que su hijo.

—¿A Jacob?

Mike asintió, con la cabeza gacha.

—¿A Jacob? —Dennis sacudió la cabeza—. ¿Estás seguro?

—No hay muchos Jacob Frampton por ahí. —Mike levantó la vista.

—No. Pero...

Dennis reflexionó.

«¿Jacob?».

No tenía ningún sentido.

—Déjalo en mis manos, Mike —dijo.

—Por supuesto.

—Y...

—¿Sí? —Mike ya estaba casi de vuelta en las puertas.

—Y mantén esto entre nosotros, ¿quieres? Hasta que lleguemos al fondo del asunto.

—Lo siento, sargento. —Mike se sonrojó.

—¿Sientes qué? —A Dennis se le aceleró el corazón.

—Bueno... como hemos presentado cargos contra Kyle... ya sabes que este es un caso conjunto. Crimen Organizado está involucrado.

—Y tienen acceso a todas las pruebas. —Dennis cerró los ojos.

—Sí.

—No importa. —Dennis se secó una gota de sudor de la frente—. No te preocupes.

—No. Está bien.

—Volvamos a entrar. —Dennis forzó una sonrisa—. Vamos a ver a ese bebé tuyo.