Capítulo 86
CAPÍTULO OCHENTA Y SEIS
Lesley se lanzó al interior del coche de bodas y se hizo a un lado para dejar que Elsa entrara junto a ella. Elsa le apretaba la mano con fuerza.
Se quedó mirando a los ojos de su esposa y notó que se le ensanchaba la sonrisa.
—Lo hemos logrado —dijo.
—Lo hemos logrado. —Elsa se inclinó y la besó en los labios. Lesley oyó un grito de alegría desde fuera del coche.
—Y ahora, rumbo a Escocia.
—Desde luego. —Elsa se apartó y sostuvo la mirada de Lesley, con los ojos cargados de pasión—. Estoy deseando llegar.
Alguien golpeó la ventanilla detrás de ellas. Lesley se giró y vio a Sharon vocalizando algo a través del cristal.
—¿Qué pasa, cielo? —preguntó al bajar la ventanilla.
—No has lanzado el ramo.
—¿Qué ramo? —Lesley intercambió una mirada con Elsa. Ambas llevaban pequeños ramos de nomeolvides y jacintos silvestres.
—El tuyo, mamá. —Sharon sonrió .
Elsa levantó las manos para mostrar que estaban vacías. Vacías, a excepción de su nueva alianza, claro está.
Lesley bajó la vista hacia el maltrecho manojo de flores que tenía en el regazo. Si Sharon no se lo hubiera dicho, no habría tenido ni idea de qué flores lo componían.
—Toma, quédatelo tú. —Se lo tendió.
Sharon lo agarró.
—¿Tienes a alguien en mente? —preguntó Elsa.
—Ni hablar —respondió Sharon—. Solo creo que quedará bonito en el piso.
—¿Vas a volver allí? —preguntó Lesley—. Tu padre no ha...
—No pasa nada, mamá. Pasaré por allí esta noche, dejaré mis cosas y me cambiaré; luego me quedaré con Gail antes de coger el tren a Birmingham.
—Volveremos dentro de una semana. Cuídate mucho. —Lesley cogió la mano de su hija a través de la ventanilla.
—No me pasará nada.
—Dale recuerdos a tu padre de mi parte.
—Se los daré. —Sharon miró a su madre.
Lesley retiró la mano y cogió la de Elsa.
—¿Eso es todo? —le preguntó a Sharon.
—Sí. Pasadlo de maravilla, las dos.
—Eso haremos —respondió Elsa.
—Enhorabuena, señora Clarke. —Lesley cerró la ventanilla y se volvió hacia su esposa.
—Enhorabuena, señora Short.
Lesley se rio. Ninguna de las dos tenía la más mínima intención de cambiarse el apellido. Clarke era el apellido de Terry, pero también el de Sharon. Lesley quería conservarlo.
Elsa la rodeó con el brazo. Alguien tamborileaba en el techo del coche. La gente se agolpaba a su alrededor, con los flashes de las cámaras y sonrisas por todas partes.
—¿Podemos arrancar? —le gritó Lesley a la conductora.
—Por supuesto —respondió la mujer .
Lesley se acomodó en su asiento.
—Quiero que me hagas una promesa —dijo Elsa mientras le rodeaba la cintura con el brazo.
—Dime. —Lesley se acurrucó contra ella.
—Estamos a punto de pasar una semana en la preciosa campiña escocesa.
—Así es.
—Y conozco tu historial cuando se trata de parajes naturales.
—No sé a qué te refieres. —Lesley la miró.
—El castillo de Corfe, la isla de Brownsea, la bahía de Lyme Regis, el Estanque Azul... —Elsa arqueó una ceja y fue contando con los dedos.
—Ah. Eso. —Lesley besó la mano de Elsa.
—Solo prométeme que no habrá asesinatos mientras estemos de luna de miel —dijo Elsa.
—Te lo prometo —le aseguró Lesley.