Los crímenes del Estanque Azul (Inspectora Lesley Clarke 7) Capítulo 84
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Capítulo 84

CAPÍTULO OCHENTA Y CUATRO

—Shh, pequeño. Ya casi ha terminado.

Tina acunó a Louis, esperando que sus llantos no llegaran hasta la parte delantera de la sala.

Estaban en un hotel de lujo en Bournemouth, justo al fondo de la zona de los invitados a la boda.

Mike había querido asegurarse de que pudieran salir a toda prisa si la situación se volvía demasiado agobiante.

Acomodó a Louis más arriba sobre el hombro y tomó la mano de Mike.

—Así estábamos nosotros, no hace mucho.

—Aunque tú tuviste unos cuantos problemas más con el vestido que la nueva esposa de la jefa. —Él le guiñó un ojo.

Ella hizo una mueca. Sí, no había sido fácil entallar un vestido cuando su barriga no dejaba de crecer. Pero había valido la pena. Quería tener su situación en orden antes de que Louis llegara. Quitarse de encima los trámites formales.

—¿Te habría gustado que estuviera más delgada? —le preguntó.

—Claro que no —le dijo, volviéndose hacia ella. Le besó un lado del cuello, lo que la hizo temblar—. Estabas preciosa .

Tina se encogió de hombros. Estaba del tamaño de una casa, pero aun así estaba bastante guapa. Su madre y su hermana se habían asegurado de ello.

—De todos modos —dijo Mike—, nuestro lugar de celebración era más bonito.

Ella le apretó la mano con más fuerza. El piso superior de un pub con vistas a la bahía de Lyme Regis; no había nada mejor que eso. Toda su familia allí; la madre de Mike vino desde Poole. Y solo un comentario sarcástico sobre su «estado».

La jefa y su esposa se giraron para mirar a la multitud. Tenían las manos entrelazadas y sus rostros brillaban de felicidad.

—Quién iba a decirme, cuando la conocí hace ya más de un año en aquel camino que bajaba del castillo de Corfe, que acabaría en su boda —dijo Tina.

—Y en su boda con una abogada penalista, para colmo.

—No todas son malas. —Tina arqueó una ceja.

—Mmm. —Mike no le quitaba el ojo de encima a Elsa.

—¿Qué? —Tina le dio un toquecito en un costado—. ¿Qué sabes de ella?

—Solo a quién solía representar.

—Él ya está muerto —le recordó ella—. Su casa ha sido incautada, sus dos sobrinos están bajo custodia. Ya no está.

—Con viento fresco.

—¿Has hecho tú los interrogatorios? —preguntó ella.

—Vick, el de Crimen Organizado, y yo —confirmó Mike—. La jefa lo delegó. Se saltó al sargento. —Se balanceó de un pie al otro. No le había contado a Tina lo que Stanley le había dicho; le parecía una deslealtad.

Aunque ahora le estaba siendo desleal a su esposa. No tenía escapatoria.

—No estoy seguro de por qué —añadió, convencido de que ella notaría la mentira .

Pero Tina estaba centrada en el bebé.

—Ocupada planeando su boda —dijo ella, sonriéndole a Louis y haciéndole cosquillas en la tripita.

—Desde luego. Pero ¿qué pasa con él? —La mirada de Mike se dirigió al sargento, dos filas más adelante.

Tina se encogió de hombros. El sargento se había estado comportando de forma extraña, pero ella tenía demasiadas cosas entre manos como para preocuparse por eso.

—Pero Kyle intentó cargarle el muerto a Amanda, ¿verdad?

—Chitón. —Mike se volvió hacia ella.

—No se nos oye.

Tenía razón. La fila de delante estaba vacía; una zona de seguridad para el bebé.

Mientras tanto, Louis se había quedado dormido sobre su hombro.

—¡Cómo pesa el condenado! —dijo ella. Besó la coronilla de su hijo.

—Sí —dijo Mike—. Mi teoría es que lo planearon juntos. No es que sirva de mucho seguir con eso, estando ella...

—Muerta —concluyó Tina.

Mike soltó el aire con lentitud.

El oficiante dijo algo que Tina no alcanzó a distinguir.

—Tengo algo que preguntarte —dijo Mike, observando a las recién casadas mientras se abrían paso entre la multitud de invitados que las felicitaban. Ellos dos, los tres, se recordó Tina, serían los últimos.

—Ya me has pedido que me mude contigo —dijo ella—, que tenga a tu hijo y que me case contigo. ¿Qué queda?

—Yo no te pedí que tuvieras a mi hijo.

—Me pediste que no...

—No hablemos de eso. —Él sacudió la cabeza.

—De acuerdo. ¿Qué quieres preguntarme?

—Tina, ¿te gustaría compartir conmigo la baja de maternidad? —le preguntó, volviéndose hacia ella—. La jefa lo sugirió. Puedes volver a...

—Sí. Sí, Mike. —Le puso una mano en la mejilla—. Quiero.