Los crímenes del Estanque Azul (Inspectora Lesley Clarke 7) Capítulo 69
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Capítulo 69

CAPÍTULO SESENTA Y NUEVE

Tras ver a Mike salir disparado del despacho, Lesley se acercó a su silla y se desplomó en ella. Respiró hondo unas cuantas veces, luego buscó en su bolso y sacó el paquete de paracetamol.

¿Cuándo se había tomado los anteriores?

Hacía menos de una hora.

Volvió a meter el paquete en el bolso, se levantó y caminó hacia la puerta de la sala principal. Stanley estaba en su mesa, sumido en una profunda concentración. Meera estaba en la hilera de mesas junto a la ventana del fondo. Levantó la vista.

—¿Puedo ayudar en algo, jefa?

—No tendrás por casualidad algo de ibuprofeno, ¿verdad? —Lesley se acercó a la mujer.

—Eh... sí. Creo que sí.

Meera cogió su abrigo del respaldo de la silla y rebuscó en los bolsillos interiores. Al fin sacó un paquete con una expresión de triunfo en el rostro.

—Toma. Parece que lo necesitas.

—¿Tan mala cara tengo? —Lesley enarcó una ceja .

—Lo siento, jefa. No quería decir... —El rostro de Meera se ensombreció.

—No pasa nada. Gracias por las pastillas. —Agitó el paquete y regresó a su despacho.

—¿Necesitas agua para tragártelas?

Lesley se volvió y vio a Meera con una botella de agua en la mano.

—No hace falta.

—Es una botella nueva. —Meera tiró del tapón—. ¿Ves? Sin abrir.

—Gracias. —Lesley caminó hacia ella y cogió la botella. Volvió a su despacho, se tragó las pastillas y se bebió media botella de agua de un trago.

Quizá eso era todo lo que necesitaba: hidratación.

Tenía que cuidarse si quería estar en plena forma para la boda del sábado. Una parte de ella se moría de ganas de que todo aquello pasara de una vez para estar en Escocia, disfrutando de algo de paz y tranquilidad con su mujer.

Mujer. Lesley todavía no terminaba de acostumbrarse. Ella misma lo había sido durante dieciocho años. Luego dejó de serlo. Y ahora, no solo iba a serlo de nuevo, sino que iba a tener una.

Se acarició el collar que Elsa le había regalado tras su compromiso y cogió el teléfono. Marcó el número de Gail.

—Lesley. Estaba a punto de llamarte.

—Buenas noticias, espero.

—Muy buenas. Gav ha podido cotejar las huellas del cucurucho de patatas con las de Arthur Kelvin, y están colocadas de una forma que indica que estaba comiendo de él.

—Así que comió patatas sin saber que estaría muerto en cuestión de horas.

—Diría «pobre hombre», pero... —respondió Gail.

—Desde luego. —Lesley se puso en pie—. Mira, no me gusta pedirte esto, pero ¿puedes guardártelo de momento? Tengo algunas dificultades políticas.

—Entendido. —La voz de Gail bajó de tono—. ¿Estás bien?

—Estoy bien. Gracias. ¿Tienes las muestras de la casa de los Kelvin? Gavin me dijo que tenía piel y sangre.

—Brett les está haciendo pruebas ahora mismo. Deberíamos tener un perfil de ADN para el final del día.

—¿Tan rápido?

—Son los Kelvin. Estamos tan interesados como tú en terminar con esto.

—Bien. Voy para allá.

—De verdad que no hace falta.

—La única forma de atrapar a Kyle Kelvin es con pruebas físicas —dijo Lesley. «Y esa es la única forma en que podré convencer a Carpenter para que me dé una orden de detención»—. Quiero estar allí cuando consigáis lo que necesitamos.

—Vale. ¿No podrías traerme algo para el resfriado?

—¿Estás resfriada?

—Sí. Pero no te estornudaré encima. Lo prometo.

—No sería nada bueno pillar un resfriado antes de la boda.

—No. Pero ¿me traes algo?

—No tengo nada específico, pero tengo paracetamol e ibuprofeno de sobra.

—Me salvas la vida. Nos vemos en un rato.

—Estaré allí dentro de unos veinte minutos. ¿Puedes esperar tanto?

—Tendré que hacerlo, ¿no? —respondió Gail—. Ah, casi se me olvida. Sunil me ha enviado un correo sobre unos extractos bancarios. Al parecer se los pasó a Stanley. ¿Los tienes tú?

—¿Extractos bancarios?

—De las cuentas de ahorro de Arthur Kelvin. Había dos que la familia no llegó a transferir a otro nombre antes de que tuviéramos oportunidad de hablar con el banco.

—No sé nada de ningún extracto bancario. —Lesley miró a Stanley a través de la mampara de cristal—. ¿Puedes enviármelos?

—Te reenvío el correo.

—Gracias. —Lesley no apartó la vista de Stanley—. Nos vemos en breve.