Los crímenes del Estanque Azul (Inspectora Lesley Clarke 7) Capítulo 68
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Capítulo 68

CAPÍTULO SESENTA Y OCHO

Lesley se asomó a la puerta de su despacho mientras Varney salía apresuradamente de la sala principal.

—Mike —dijo ella—. ¿Tienes un minuto?

—Claro, jefa —dijo levantando la vista de la pantalla.

Lesley volvió a entrar en el despacho, se plantó ante la pizarra y lo esperó. Un momento después, él entró y cerró la puerta tras de sí. Miró alternativamente a Lesley y a la pizarra.

—¿Todo bien, jefa? ¿Quieres que haga algo? —Dio un paso adelante—. ¿Es algo en lo que no querías que participara el nuevo equipo?

Lesley reflexionó un instante. Había muchas cosas en este caso en las que preferiría no involucrar a Will Varney. Pero era lo bastante sensata como para saber que no debía guardar secretos.

Y Carpenter le había dejado claro que lo sabía todo sobre ella y su equipo, lo cual hacía que cualquier intento de discreción fuera inútil.

—No, Mike. No es eso.

—Vale. —Su rostro se ensombreció—. ¿En qué puedo ayudar entonces ?

—Sé que lo hiciste con buena intención. —Lesley sonrió.

—¿Perdona?

—Lo de las cámaras. Ir a la freiduría con Tina.

—Bueno. Queríamos pescado con patatas. Louis nos tiene tan ocupados que es imposible encontrar tiempo para cocinar.

A Tina le apetecía comida china, pero se me ocurrió que el pescado con patatas fritas sería más fácil.

Así que fuimos a la freiduría; es la que nos queda más cerca. Y me pareció lógico...

—Mike. Ya puedes parar.

—Lo siento.

—Dime, con sinceridad, ¿de quién fue la idea?

—¿De quién fue la idea de comprar patatas? —Él parpadeó, sosteniéndole la mirada.

—No insultes mi inteligencia, Mike. —Lesley sacudió la cabeza—. ¿Fue idea de Tina? Ya sé cómo se las gasta con los testigos. Fue ella la que habló con ellos en la freiduría, ¿verdad?

—Bueno... sí. Llegó antes que yo. Iba cargada con Louis en la sillita del coche. No sabía que pudiera ir tan rápido, yo...

—Otra vez: para. Estás divagando.

—¿Ah, sí?

—Sí. Y eso es porque sabes lo que voy a decirte.

—¿Lo sé?

—Tina echa de menos el trabajo. Está en casa con un bebé y se aburre. Y está agotada, me imagino. —Sonrió y dio un paso hacia él—. Yo también soy madre. Recuerdo cómo es. Una puta pesadilla.

—Tina adora a Louis. —Mike soltó una risa nerviosa.

—Que lo adore no significa que tenga que disfrutar cada segundo con él.

—No. Es un trabajo condenadamente duro, jefa. Se caga por todas partes.

—¿Es que no has oído hablar de los pañales?

—No me refiero a eso, yo...

—Es broma, Mike. Sé a qué te refieres.

—No lo entiendo. ¿Es un problema que Tina hablara con ellos en la freiduría?

—Está de baja por maternidad, Mike. Por ley, no se le permite realizar funciones policiales.

—Ah.

—Estrictamente hablando, ni siquiera deberías hablar de los casos con ella.

Mike se mostró compungido.

—Pero no soy tan ingenua como para pensar que no lo vas a hacer.

—Ah. Gracias.

—Mira —dijo ella—. Puedes hablar de los casos con Tina. Incluso puedes traerte a la oficina sus observaciones, si las tiene. Pero quiero saber cuándo algo es idea suya y no tuya. De lo contrario, no es justo con ella.

—Fue Tina quien descubrió lo del divorcio de los Kelvin.

—Eso ya me lo dijiste.

—Ah. ¿Sí?

—Sí, Mike. Pero esto es lo importante. Tina no puede involucrarse activamente en un caso. No puede hablar con testigos, no puede acceder a los registros policiales. No puede hacer nada que no pudiera hacer una ciudadana cualquiera.

—Lo entiendo. Porque ahora mismo es solo una ciudadana cualquiera, ¿verdad?

—Bueno, yo no diría tanto. —Lesley hizo una mueca—. Y, desde luego, yo en tu lugar no se lo repetiría a ella. Pero sí. Asegúrate de que no haga nada que pueda poner en peligro su puesto.

—Lo único que hizo fue charlar con la mujer de la freiduría...

—¿Le dijo a la mujer que era subinspectora?

—Puede que sí. —Mike se puso rojo .

—No voy a preguntarte si le enseñó la placa. —Lesley le lanzó una mirada.

Mike bajó la vista. «Mierda», pensó.

—¿Tengo que retirarle la placa mientras está de baja? —insistió Lesley.

—No. Hablaré con ella. —Su cara decía «no le va a gustar».

Y no le gustaría. A Lesley no le había gustado. Pero no duraría para siempre.

—Mira —dijo ella—. Tengo una idea. ¿Qué tal si compartes la baja con ella?

—¿Eh?

—Ambos estáis en la misma unidad, así que no afecta a la dotación de personal. Ahora que han pasado sus dos primeras semanas...

—Más que pasadas.

—Ahora que han pasado las dos primeras semanas, puede optar por transferirte el resto de su baja. O parte de ella.

—Pero tiene hasta ocho meses.

—¿Planea tomárselos todos? —Lesley levantó una mano—. Se supone que no debo preguntarte eso, lo siento.

—No, no planea hacerlo.

—Vale. Habla con ella. A ver si podéis llegar a un acuerdo entre los dos. Yo hablaré con Recursos Humanos, si hace falta.

Mike se rascó la barbilla. Tenía barba de varios días; ¿cuándo se había afeitado por última vez?

—¿Jefa?

—¿Sí?

—¿Estás diciendo que prefieres tener aquí a Tina que a mí?

—Esa pregunta no merece respuesta, Mike. Y ahora necesito que vayas a la autopsia con el subinspector Varney.

—¿De verdad?

—Sí. —No le dijo que quería que vigilara al subinspector. Se acercó a la ventana y miró hacia fuera. Varney hablaba por el móvil en su coche. Otra vez.

—Date prisa y lo alcanzarás en el aparcamiento.

—Ah. Vale. Me pongo a ello, jefa.