Los crímenes del Estanque Azul (Inspectora Lesley Clarke 7) Capítulo 67
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Capítulo 67

CAPÍTULO SESENTA Y SIETE

Dennis estaba sentado en el coche, dos vehículos por detrás del paso a nivel de la estación de Wool. ¿Era impresión suya o normalmente no pasaba tanto tiempo desde que bajaban las barreras hasta que pasaba el tren?

A su lado, la subinspectora Young tecleaba sin parar en su teléfono. Lo único que él oía era el clic del aparato cada vez que la joven tocaba la pantalla.

Era irritante.

—Subinspectora Young —dijo él.

—Puede llamarme Katie, sargento.

—Katie.

—¿Sí? —Dejó el teléfono en el regazo.

—Nada.

El tren pasó y Dennis se relajó. Katie daba golpecitos con el pie en el suelo del coche.

—¿Se encuentra bien, Katie?

—Sí, sargento. —Los golpecitos continuaron—. ¿Y usted?

Él la miró de reojo y luego volvió la vista a la carretera. El coche de delante avanzó poco a poco mientras se levantaban las barreras .

—¿Perdone?

—Es que está muy callado.

—Estoy perfectamente, gracias, subinspectora Young. —Dennis sintió una opresión en el pecho.

—Katie.

—Estoy perfectamente, gracias. —Cruzaron el paso a nivel, y Dennis notó el pavor de siempre, el que le entraba cada vez que conducía por encima de las vías del tren—. ¿Conoce la isla de Purbeck?

—Vivo en Blandford Forum. Nunca he tenido motivos para venir por aquí. —Negó con la cabeza y bostezó.

—En ese caso, deje que hable yo cuando lleguemos a la freiduría —replicó Dennis mientras apretaba el volante con más fuerza.

—De acuerdo.

—Bien.

—No me importa encargarme yo si lo prefiere.

Dennis consultó el espejo retrovisor. No había nada detrás, ni nada delante, excepto un apartadero.

Se detuvo y apagó el motor. Se giró hacia ella, tirando del cinturón de seguridad que le rozaba el cuello.

—Subinspectora Young —dijo él.

Ella abrió la boca para corregirlo, pero, al ver la expresión de su rostro, volvió a cerrarla. Él enarcó las cejas.

—Sargento —dijo ella.

—¿Tiene algún motivo para pensar que no estoy capacitado?

—Eh, no. —La subinspectora se echó hacia atrás.

—¿Alguien le ha dicho algo sobre mí?

—¿Quién? No. Bueno... no.

—No se le da muy bien mentir, subinspectora Young. Tendrá que mejorar si quiere llegar a ser sargento algún día.

Ella se enderezó en el asiento. Ambiciosa, sin duda .

«Que Dios nos libre de las jóvenes ambiciosas».

—Bien —dijo él. Se ajustó el cinturón, consultó el espejo y volvió a arrancar—. Cuando lleguemos al Chipperies, hablaré yo con ellos. Usted puede ayudar con las grabaciones. Estoy seguro de que lo entiende.