Capítulo 60
CAPÍTULO SESENTA
Dennis estaba en pijama cuando sonó el móvil. Frunció el ceño, cogió las gafas y se levantó.
—No contestes, cariño —le pidió Pam. Estaba en la cama, recostada, leyendo un libro de la biblioteca.
—Podría ser urgente.
—Eres del equipo de investigación —le recordó ella, alzando la vista por encima de las gafas de leer—. Ya no eres un agente uniformado. ¿Qué puede ser tan urgente como para que te llamen a estas horas?
—No tardaré. Además, iba a bajar a por un vaso de agua.
—No, no ibas.
Dennis no dijo nada. Cerró la puerta del dormitorio y bajó las escaleras en zapatillas. El vestíbulo estaba a oscuras y la única luz era el tenue haz de una farola que entraba por la puerta principal.
El teléfono estaba en su sitio habitual, junto al cargador, en la encimera de la cocina. Lo había cargado por la tarde, como de costumbre, y luego lo había desenchufado antes de acostarse, también como de costumbre .
Dennis consultó el reloj que había sobre los fogones: las nueve y media.
Miró la pantalla: la inspectora. Se desinfló.
Podía volver a la cama y fingir que no lo había oído.
Pero entonces no pegaría ojo.
Rascándose el cuello, cogió el teléfono.
—Jefa.
—Dennis, espero no haberte molestado.
—Estaba a punto de acostarme.
—¿Cómo? ¿A las nueve y media?
—Mañana madrugo.
—Ah. Sí, supongo que sí. En fin, quería ver cómo estabas.
—¿Quieres un informe sobre Kyle Kelvin?
—No. Sí. ¿Cómo te ha ido?
—Ha sido tan desagradable como cabía esperar. No ha soltado prenda, aparte de dar una coartada para el domingo por la tarde. Una fiesta infantil en Plymouth.
—El domingo por la tarde.
—Sí.
—¿No el sábado por la noche o incluso el domingo por la noche?
—Ha dicho que estuvo con una mujer el sábado por la noche. Dudo que ella vaya a corroborarlo.
—No. Bueno, gracias. Espero que no haya sido muy difícil.
—Ha ido bien, jefa. ¿Eso es todo?
—No. Mira, siento llamarte tan tarde, Dennis. Pero acabo de volver de una cena y no consigo dejar de preocuparme por ti. ¿Seguro que estás en condiciones para este caso?
—¿Por qué no iba a estarlo?
—Sé que han pasado unos meses desde que te dieron el alta para volver al trabajo. Pero te he estado observando, ya lo sabes.
—No hace falta que me vigiles, jefa.
—Ya, bueno. Eso no evita que me preocupe por ti. Me dirás si todo esto te supera, ¿verdad?
—Lo haré. —Vaciló—. ¿Jefa?
—¿Sí? —Bostezó—. Perdón. ¿Qué pasa?
—¿Había algún motivo concreto para esta llamada?
—No, Dennis —dijo tras una pausa—. Ningún motivo concreto. Descansa. Nos vemos mañana. Reunión a las ocho.
—Hasta mañana.