Capítulo 58
CAPÍTULO CINCUENTA Y OCHO
Lesley se echó hacia atrás en su silla mientras Elsa caminaba hacia el aseo del restaurante.
¿Irían bien las cosas a partir de ahora? ¿Significaba la muerte de Arthur Kelvin que Elsa estaba por fin a salvo?
Y esa bufanda...
¿De verdad había pensado que su futura esposa era capaz de cometer un asesinato?
Apoyó la palma de la mano sobre la mesa y presionó contra la madera.
Era un pensamiento ridículo. Elsa le tenía miedo a Kelvin. Él había arruinado su negocio. Y sí, tal vez hubiera deseado que estuviera muerto...
Pero ¿Elsa, una asesina?
La bufanda estaba en el respaldo de la silla de Elsa, colgada como una prenda de ropa cualquiera. No como un objeto que la hubiera hecho dudar de su propia prometida.
Tenía que dejar de pensar en ello. Y tenía que confiar en Elsa.
Sacó su teléfono. No había tenido tiempo de mirar las fotos que Stanley le había enviado del almacén de pruebas del asesinato de Mackie.
Ya conocía el teléfono del antiguo inspector. Ella misma había revisado los mensajes. Dennis había estado en contacto con él el día de su muerte por un caso viejo que Mackie se empeñaba en seguir investigando.
Un caso viejo relacionado con Arthur Kelvin.
Lesley pasó el resto de las fotos.
Las muestras de tierra y vegetación eran nuevas. Se habían tomado cuando se reabrió el caso. Totalmente inútiles, dado el tiempo que había pasado.
Luego estaban los papeles. Lesley miró hacia los aseos: todavía no había rastro de Elsa.
Cuando Gail la había llevado al almacén de pruebas, solo había una hoja de papel: la nota de suicidio manuscrita de Mackie.
Pero ahora había un montoncito de papeles. Stanley les había sacado fotos a toda prisa y el texto se veía granulado.
Parecía que había extractos bancarios, una carta de Hacienda y un recibo de una agencia de viajes.
¿De dónde habían salido? ¿Eran de la casa de Mackie? Y, si era así, ¿habría más documentos escaneados en el expediente del caso?
—Hola —dijo Elsa, que estaba detrás de su silla—. ¿Estás bien?
—Claro. ¿Quieres postre? —Lesley levantó la vista. Puso el teléfono boca abajo sobre la mesa.
A Elsa se le iluminaron los ojos.
—Ya he hecho la última prueba del vestido y a estas alturas un postre no va a cambiar nada. Así que sí.
—Bien. —Lesley cogió la carta. Tenía una boda y una luna de miel en las que pensar. Por no hablar de un caso de doble asesinato.
El inspector Mackie podía esperar.