Los crímenes del Estanque Azul (Inspectora Lesley Clarke 7) Capítulo 57
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Capítulo 57

CAPÍTULO CINCUENTA Y SIETE

Dennis se detuvo al final de Durlston Road, cerca del centro del pueblo, junto al coche patrulla. Bajó la ventanilla del acompañante.

—Soy el sargento Frampton. ¿En qué casa está?

—Sensato. Dejadlo en mis manos.

—¿Quiere que nos marchemos?

—No. Si no os importa, quedaos aquí. —No estaba de más ser precavido, especialmente tratándose de los Kelvin. Cabía la posibilidad de que en alguno de los coches de alrededor estuvieran los hombres de Kelvin, espiando a los espías.

—Entendido, sargento. —La ventanilla volvió a subirse.

Dennis flexionó los dedos sobre el volante y examinó los coches de alrededor. Solo había cuatro aparcados en la calle y todos parecían estar vacíos.

Aun así, eso no significaba nada.

Ya era tarde para preocuparse. Estaba allí, y la inspectora le había dicho lo que tenía que hacer .

Condujo hasta el final de la calle y aparcó frente al número 136. Había un todoterreno negro delante de él; se distinguía la silueta de un hombre en el asiento del conductor.

Miró la casa. Era una construcción moderna, sencilla y de proporciones generosas. Las cortinas de la fachada estaban echadas y no había señales de movimiento.

¿Debería llamar a la puerta o esperar?

Esperar.

El conductor del coche de delante ya habría avisado a Kyle de la llegada de Dennis. Así que, si Kyle tuviera intención de escaparse por detrás, ya lo habría hecho.

La puerta principal de la casa se abrió y dos hombres aparecieron recortados contra la luz del vestíbulo. Dennis contuvo el aliento.

Tras un momento, los hombres se abrazaron. Uno de ellos se volvió y bajó por el pulcro sendero hacia la calle.

Dennis se dispuso a abrir la puerta. No iba a darle a Kyle la oportunidad de subirse al todoterreno y marcharse.

Justo cuando sacaba el pie, la puerta del acompañante se abrió y entró un hombre.

Dennis se quedó helado, con la puerta del conductor aún abierta.

—Cierra la puerta, sargento Frampton. No sirve de nada fingir que no sé quién eres.

Dennis apretó los labios, volvió a meter el pie y cerró la puerta.

El hombre cerró la puerta del acompañante tras de sí y gruñó. Dennis miró de reojo y vio a Kyle Kelvin haciendo una mueca de dolor mientras se frotaba las manos.

—Señor Kelvin —dijo.

—Ese soy yo. —Kyle levantó una mano y se la chupó brevemente. Bajó el parasol del lado del acompañante y se examinó la cara en el espejo—. Entonces, ¿por qué me andáis siguiendo cuando estoy de luto por mis pobres y queridos tíos?

Dennis lo observó. Era menudo, de pelo rubio y corto. Llevaba ropa cara.

Este era un hombre que contrataba a otros para que hicieran el trabajo sucio.

—Mi jefa quería hablar con usted sobre lo de esta mañana —dijo Dennis—, pero se marchó, señor Kelvin, antes de que tuviera oportunidad.

—Tenía una reunión.

—Ya lo veo.

—Así que te ha enviado a ti en su lugar. ¿Por qué no ha venido ella misma?

Dennis se dio cuenta de que no sabía a qué hora exactamente había muerto Amanda Kelvin. ¿Se habría hecho ya la autopsia?

—Señor Kelvin, ¿dónde estaba usted entre las cinco y las nueve de esta mañana? ¿Estaba en la casa cuando encontraron muerta a su tía?

—Tía. Es lo bastante joven como para ser mi hermana.

—¿Estaba allí?

—No. No estaba allí. —Kyle se inclinó hacia Dennis—. Vivo en Plymouth, pero estoy seguro de que ya lo sabes.

—Entonces, ¿a qué hora llegó a la casa?

—A las diez. El ama de llaves me ha llamado y me ha contado lo que había pasado. He venido de inmediato, por supuesto.

—¿Vino por la muerte de su tía, pero no por la de su tío?

—Sí que vine —soltó con un bufido.

—¿Acaso Arthur y usted no se llevaban bien?

—No es asunto tuyo, sargento. —La chaqueta de Kyle rozó el asiento.

—¿También estuvo en su casa de Plymouth durante el fin de semana?

—¿Tú qué crees?

—No tengo ni idea. —Dennis miró fijamente hacia el todoterreno, intentando ignorar que el corazón le latía a mil por hora.

¿Llevaría Kyle un arma?

No pasaba nada. Los de uniforme estaban al otro extremo de la calle.

Donde no podían verlos.

Lo que significaba que ellos tampoco lo veían a él.

Tragó saliva para contener una oleada de náuseas.

—¿Puede decirme dónde estuvo entre el sábado por la tarde y el lunes por la mañana?

—Déjame ver. ¿A qué hora?

Dennis hizo memoria.

—Desde las siete de la tarde del sábado hasta las ocho de la mañana del lunes.

—¿Saco mi agenda y lo compruebo? —Kyle sacudió la cabeza. Frunció los labios y metió la mano en el bolsillo interior.

Dennis extendió una mano.

—¿Te encuentras bien, sargento Frampton? Pareces un poco nervioso.

—Estoy bien.

—Es que no me gustaría nada que te diera un infarto aquí sentado a mi lado. No sería nada agradable. Y estoy seguro de que tus colegas aprovecharían para cargarme el muerto a mí también.

—Mire su agenda, por favor, señor Kelvin. —Dennis parpadeó. Se le nublaba la vista.

—Muy bien. —Kyle sacó un teléfono del bolsillo y lo desbloqueó—. Pues... veamos... —Dio dos toques en la pantalla con la uña—. Aquí está. Domingo de tres a cinco de la tarde. Mi hijo estaba en una fiesta en Plymouth. Su amiguito, Vincent. Qué tierno, ¿verdad?

—¿Fue usted con él?

—Así es. Se me ocurrió darle a Charlene la tarde libre.

—¿Habrá gente que pueda responder por usted?

—Era una fiesta. En un puto parque de bolas. Sí, habrá gente que pueda responder por mí.

—¿Y el resto de las horas?

—Ah, bueno, para eso vas a tener que confiar en mi palabra.

—¿Su palabra sobre qué?

—El sábado por la noche estaba en una cama en Exeter. Tirándome a mi novia, si es que tienes tanto interés.

—Pero usted vive en Plymouth.

—Ciudad distinta, novia distinta, colega. —Soltó una carcajada—. Y sí, ella responderá por mí. Lola Raymond. Búscala.

Alargó una mano de golpe y agarró a Dennis por la muñeca.

Dennis soltó un jadeo. Para ser un hombre menudo, Kyle era fuerte.

Le soltó la mano a Dennis y la arrojó lejos como si fuera un trozo de carne podrida.

—Y ahora, si no te importa, tengo que volver a visitar a mi pobre abuela. Está de luto, ¿sabes?

Abrió la puerta del acompañante y salió con un movimiento fluido. Dennis se quedó inmóvil, concentrado en su respiración.

Kyle caminó hacia el todoterreno y saltó al asiento trasero. Dennis tragó aire con dificultad.

Necesitaba recuperar la compostura si quería seguir en este oficio.