Los crímenes del Estanque Azul (Inspectora Lesley Clarke 7) Capítulo 56
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Capítulo 56

CAPÍTULO CINCUENTA Y SEIS

Tina estaba frente al televisor cuando Mike llegó a casa. El salón estaba ordenado y la casa en silencio. Olía a comida.

—Vaya —dijo él, dejándose caer en el sofá junto a ella—. Has estado ocupada.

—No te emociones —dijo Tina enarcando una ceja—. Eso que hueles es comida china para llevar. La he puesto en el horno para mantenerla caliente. ¿Dónde has estado?

—¿Podemos permitirnos tanta comida de fuera?

—Si quieres comida casera, Mike Legg, ya puedes llegar más pronto a casa y cocinarla tú mismo. —El rostro de ella se ensombreció.

—Lo siento. —Intentó besarla, pero ella se apartó—. Lo siento —repitió.

Ella resopló.

—¿Y bien? ¿Está arriba? —preguntó Mike—. Esperaba poder bañarlo yo.

—Ya lo hice yo hace media hora. Ha vuelto a mearse en mis vaqueros favoritos.

Mike reprimió una carcajada. Ella le dio un golpe en la pierna .

—No tiene ninguna gracia.

—Perdón.

—En fin. Apestas. Vete a cambiarte.

—¿En serio? —Se olisqueó.

—¿Qué has estado haciendo? ¿Corriendo un maratón?

—Caminando por Sandbanks. Intentando conseguir unas grabaciones de cámaras de seguridad.

—Venga, cuéntame. —Tina se volvió hacia él, recogiendo las piernas. Se le había iluminado el rostro—. Ponme al día.

—¿No podemos comer primero? —Le tomó el rostro entre las manos.

—No hasta que me des mi dosis diaria de vida adulta. ¿Qué ha pasado?

—Está bien. —Se reclinó en el sofá—. Veamos, tenemos grabaciones de Kelvin en el ferry el sábado pasado, lo que significa que...

—Aún estaba vivo.

—Sí. Y, ah, casi se me olvida lo más importante: su mujer ha muerto. Se cortó las venas en la bañera, de madrugada.

—Él se estaba divorciando de ella. —Tina abrió mucho los ojos.

—Así es.

—¿Y cree la jefa que ella lo mató y uno de los hombres de él fue a por ella? No creo que se haya quitado la vida por la pena de perder a Arthur Kelvin, ¿no?

—La jefa no cree nada todavía. Pero tenemos pruebas forenses que podrían ayudar.

—¿Como qué?

—Huellas de neumáticos en el Estanque Azul. Y un cucurucho de patatas tirado también.

—¿Coinciden?

—Las huellas coinciden con el coche de Kelvin. Además, ha aparecido su sobrino. Creo que el sargento está hablando con él.

—¿Darren? —Tina meneó la cabeza—. No. A ese lo detuvimos. ¿Kyle?

—¿Cómo es que te acuerdas de todos esos nombres? —Mike se rio.

—Porque es lo que me mantiene cuerda, ¿recuerdas? ¿De dónde es el cucurucho de patatas?

—Del Chipperies, en Wareham.

—Pues eso lo decide. —Tina se puso en pie.

—¿Decide el qué?

—La comida china puede esperar a otra noche. Seguro que se puede calentar en el microondas.

—¿Así que al final vas a cocinar? —Mike se levantó y le tomó las manos.

—No digas tonterías. No, vamos a ir otra vez a por pescado con patatas fritas.

—Pero si ya cenamos eso anoche.

—Anoche no había pruebas nuevas.

—Tina, no creo que sea buena idea. —Mike le soltó las manos—. No voy a ir allí fuera de servicio y...

—Tú no irás solo. Yo también voy.

—¿Y Louis?

—Tiene su sillita del coche, ¿no? —Ya estaba en la puerta del salón, llena de energía.

—Tina, está dormido. —Mike la siguió al pasillo. Ella ya había cogido su abrigo del perchero y rebuscaba en un bolso la manta de Louis—. ¿No crees que deberíamos...?

—Mike. Hazme caso. Me estoy volviendo loca aquí metida sola. Llévame al Chipperies. Cuida de Louis mientras yo hablo con ellos.

—Estás de baja por maternidad, amor, tú...

—¿Quién fue la que descubrió que los Kelvin se estaban divorciando? —le preguntó al tiempo que le lanzaba una mirada elocuente .

—Está bien. ¿Quieres sacarlo tú del moisés o lo hago yo? —Mike levantó las manos en señal de rendición.