Los crímenes del Estanque Azul (Inspectora Lesley Clarke 7) Capítulo 34
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Capítulo 34

CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO

Lesley conducía hacia Sandbanks desde el depósito cuando le sonó el móvil.

—Inspectora Clarke.

—Inspectora Clarke, soy Sadie Dawes.

A Lesley se le cayó el alma a los pies. «Maldita periodista».

—¿Qué quieres? —Lesley tomó una curva hacia el puerto. El agua quedaba a su derecha, opaca bajo la luz invernal.

—He estado hablando con el superintendente Phipps.

—¿Con Phipps? ¿Por qué?

—Él estaba al frente de la investigación sobre la muerte del inspector Mackie.

—No hace falta que me lo digas. Pero no veo por qué me llamas por eso. Estoy en medio de una investigación por asesinato y de verdad que no tengo tiempo para...

—Arthur Kelvin. Lo sé. Creo que su muerte está relacionada con la de Mackie.

—¿Cómo?

—Mackie estaba investigando a Kelvin antes de morir. Después de su jubilación. Creo que alguien de tu equipo podría haberle ayudado con eso .

«Dennis».

—No digas tonterías, Sadie, por favor. Y déjame seguir con mi trabajo.

—¿Eso es oficial?

—No, por supuesto que no. Y no vayas a usarlo.

—Puede que no. Pero querrás ayudarme cuando oigas qué más me ha dicho Phipps.

Lesley puso los ojos en blanco. Miró el espejo retrovisor, deseando concentrarse en conducir y no en esa llamada ridícula.

—Adelante, pues —suspiró.

—Me dijo que hablara con el abogado de Kelvin.

—Aurelia Cross. —Lesley recordó la conversación que había tenido con Dennis antes de salir de la oficina. Aurelia no podría contarles nada de lo que hubiera hablado con Kelvin. Pero a esas alturas Dennis ya sabría, esperaba ella, si Kelvin había solicitado el divorcio a través del bufete.

—No. No con Aurelia Cross. Con su antigua abogada: Elsa Short.

El pie de Lesley resbaló del pedal del acelerador al del freno. Por el retrovisor vio que el coche de atrás le hacía ráfagas.

—¡Perdón! —exclamó, pisando de nuevo el acelerador—. Sadie, no sé de qué me estás hablando.

—Solo quería darte la oportunidad de contarme lo que sepas antes de hablar con tu prometida. ¿O ya es tu mujer?

—La boda es el sábado. —¿Por qué le había dicho eso a la periodista?

Elsa había representado a Kelvin desde que llegó a Dorset. Eso había sido apenas unas semanas antes de la muerte de Mackie. Estaba segura de que ella no sabría nada de aquello.

Sadie se estaba tirando un farol.

—Pregunta lo que quieras —le dijo a la mujer—. Yo estoy ocupada con esta investigación.

Colgó con las manos temblorosas.