Capítulo 33
CAPÍTULO TREINTA Y TRES
—Doctor Bamford.
—Inspectora Clarke. ¿Cómo va la investigación?
—Lenta. Pero la información que nos dio sobre las heridas de tanteo fue de gran ayuda. Gracias.
—Solo hago mi trabajo.
Lesley estaba en la zona de recepción del depósito. Bamford había salido a verla después de que ella se identificara ante el auxiliar, pero todavía no había rastro de la viuda ni de la madre de Kelvin.
—¿Ha venido por el informe de toxicología?
—No —respondió Lesley—. Espero hablar con la familia.
—Es un poco inoportuno hacerlo aquí, en el depósito.
—Son los Kelvin. Con ellos no valen las normas habituales.
—Supongo que no. —Bamford frunció el ceño.
—Pero el informe de toxicología sería útil si lo tiene.
—Lo estoy terminando ahora mismo. Se lo traeré si sigue aquí.
—Gracias.
Él desapareció por una puerta. La de enfrente, a espaldas de Lesley, se abrió y entró una mujer mayor. Llevaba un abrigo de piel con ribetes negros y un sombrero del mismo color que le ocultaba los ojos. Sus zapatos de tacón bajo también eran negros.
«De la vieja escuela», pensó Lesley. Igual que su difunto marido.
—¿Señora Kelvin? —Lesley dio un paso adelante.
—Que te jodan —soltó la mujer, alzando hacia ella una mirada cargada de malicia.
A Lesley le costó mantener la compostura. Aquella mujer acababa de perder a su hijo, pero seguía siendo, de pies a cabeza, la esposa de un gánster.
—Esperaba poder hablar con usted para averiguar quién podría haberle guardado rencor a su hijo.
Lesley sabía de sobra que eso no iba a suceder, pero quería tener la oportunidad de ver a Vera Kelvin en persona. Y de verla junto a su nuera.
¿Y dónde estaba Amanda?
¿Acaso se odiaban tanto las dos mujeres que ni siquiera habían venido juntas a identificar el cuerpo de Arthur?
—¿Es que no me has oído? —dijo Vera—. Te he dicho que te jodan.
—No quiero importunar —dijo Lesley—, pero esperaba ver a Amanda por aquí.
—Vaya inspectora de mierda eres, ¿no? —Vera le clavó un dedo en el pecho a Lesley.
—¿Por qué dice eso?
—Porque Amanda no está aquí: la puta de Amanda está muerta.
Lesley parpadeó. Tenía que haber oído mal.
—¿Ha dicho que Amanda está muerta?
—Más muerta que la hostia. Se suicidó, la muy zorra. Una forma jodidamente egoísta de marcharse.
—¿Cuándo ha sido eso?
—¿Es que acaso no hablas con tus colegas, cateta ?
—Le acompaño en el sentimiento, señora Kelvin —mintió Lesley. Tragó saliva y empezó a alejarse de la mujer. No le costaría nada averiguar qué había pasado.
—Pensaba que querías saber cómo murió. —Una mano salió disparada y agarró a Lesley por la muñeca.
—Así es. —Lesley no se giró para mirar a la mujer.
—Se cortó las venas. Menudo melodrama. La han encontrado en la bañera esta mañana. Mejor así, digo yo.