Capítulo 31
CAPÍTULO TREINTA Y UNO
—Comencemos dando la bienvenida a los nuevos miembros del equipo —dijo Lesley. Había siete personas en su despacho, algunas sentadas, la mayoría de pie. Estaban muy apretados. Pero no quería reunirlos en la sala principal por si entraba alguien.
—Gracias —dijo el subinspector Varney—. Nos alegra poder ayudar.
—Lo que haga falta para resolver el asesinato de Arthur Kelvin —añadió la subinspectora Young, a quien le brillaban los ojos.
Lesley sonrió. Era un caso importante, y el CID de la zona estaría más que dispuesto a involucrarse. Habría podido pedir a todos los investigadores de Dorset que se unieran, y ninguno habría dicho que no.
—Bueno —dijo—. Esta es la situación. A Arthur Kelvin lo encontró ayer a primera hora de la mañana una pareja joven que paseaba por el Estanque Azul.
—¿No son sospechosos? —preguntó Young.
—No —dijo Lesley—. Solo tuvieron mala suerte. Ahora está en el depósito y la autopsia se realizó ayer por la tarde .
—Qué rapidez —dijo Varney.
—Si no te importa —dijo ella—, me gustaría ponerte al día rápidamente para poder pasar a repartir tareas.
—Disculpe, señora.
—Y no me llames señora. Prefiero jefa.
—Sin problema, jefa. —Sonrió.
Lesley resopló. No le gustaba tener que acostumbrarse a un nuevo equipo. Ya había sido bastante difícil con Dennis y los demás cuando llegó. ¿Cómo serían estos? ¿Y podía confiar en ellos?
Tendría que fiarse del criterio de Dennis.
—La causa de la muerte fue una puñalada —continuó, señalando la foto correspondiente en la pizarra—. El patólogo dice que llevaba muerto unas veinticuatro horas cuando lo encontramos. Murió en otro lugar y lo llevaron al Estanque Azul durante la noche.
—¿Cómo? —preguntó Young. Era tan joven como su apellido sugería, con la cara ancha y las mejillas rubicundas.
—Aún no lo sabemos. La científica y los agentes uniformados ya han vuelto allí y siguen con la búsqueda. No hemos encontrado ningún indicio de que forzaran las verjas, pero es un lugar grande con una valla alrededor. Una valla que no es precisamente de alta tecnología.
—Así que no habría sido difícil meterlo —dijo Varney.
—No. —Lesley se mordió la lengua para contener su irritación. «Calla y déjame terminar»—. Hay otras heridas menores alrededor de la que lo mató. Heridas de tanteo. Solo que no lo son. Pensamos que se añadieron a propósito para hacernos creer que era obra de un aficionado.
La subinspectora Young abrió la boca, vio la cara de Lesley y volvió a cerrarla enseguida.
—He hablado con la viuda y de momento no tengo ningún motivo para sospechar de ella —dijo Lesley.
—Esto... —Mike levantó la mano lentamente .
—Esto no es el colegio, Mike. ¿Tienes información nueva?
—Tina y yo estuvimos investigando en internet anoche.
—¿Le pediste a tu mujer que te ayudara? —preguntó Stanley.
—Es miembro de este equipo. —Mike lo fulminó con la mirada—. Y pensó en algo que no creo que ninguno de nosotros haya considerado. —Miró a Lesley—. Con el debido respeto, jefa.
—No me ofendo. Me alegra tener a Tina en el equipo, aunque sea indirectamente. ¿Qué encontrasteis?
—Kelvin solicitó el divorcio hace una semana.
El subinspector Varney silbó por lo bajo. Dennis tosió.
—Vale —dijo Lesley—. Así que necesitamos saber qué implicaciones legales tiene eso. —Cerró los ojos—. Habrá que hablar con su abogado.
—Aurelia Cross —murmuró Dennis.
—Sí.
—¿Quieres que vaya?
Lesley se lo pensó.
—Sí, por favor, Dennis. Creo que sería lo mejor. ¿Algo más sobre los problemas matrimoniales de Kelvin, Mike?
—No. Lo siento, jefa.
—No te disculpes. Podría ser una pista útil. Pero que eso no te haga dar por hecho que tenemos un sospechoso claro. Necesitamos pruebas antes de llegar a esa conclusión.
Pensó en la llamada de Gail la noche anterior. La bufanda. Pronto se sabría.
—La forense también ha encontrado algunas pruebas físicas. Una bufanda. Podría haberla dejado cualquiera.
—El lugar estuvo abierto el domingo por la noche —dijo Dennis.
—Así es. —Lo miró. No quería que el subinspector Varney y su equipo supieran de la conexión. Hablaría de ello con Dennis en privado.
—¿La están analizando en busca de ADN? —preguntó Young.
«Vaya, qué entusiasmo», pensó Lesley.
—No —dijo—. Por ahora no hay motivos para pensar que sea relevante, así que la hemos registrado como prueba, pero hemos aplazado el análisis por su coste.
—Creía que el dinero no era problema —dijo Stanley.
—Hasta cierto punto —le dijo. Temía estar perdiendo el control de la reunión.
—¿Cómo te fue con la gestora de redes sociales? —preguntó a Stanley.
—No la llamaría así. Es solo una chica que ayuda a su padre.
—¿Tenía algún vídeo que pudiera sernos útil?
—Tiene una grabación del domingo por la tarde. Pero nada después de las ocho, cuando cerraron.
—¿Va a enviárnosla? Nunca se sabe.
—Sí.
—Bien. ¿Te encargas tú de revisarla? La subinspectora Vedra puede trabajar contigo.
—Creía que Vedra iba a trabajar conmigo en lo de la puñalada —dijo Mike.
Vedra miró a Stanley, luego a Mike y por último a su jefe, el subinspector Varney.
—Me gustaría que las tareas de mi equipo se asignaran a través de mí —dijo Varney.
—De acuerdo —dijo Lesley—. Te pasaré el trabajo y podrás repartirlo entre tu equipo como consideres conveniente. Pero me reservo el derecho de asignarles tareas en tu ausencia o si es urgente.
—Por supuesto. Ya he trabajado antes en investigaciones importantes.
—Muy bien. En ese caso, tengo dos tareas para esta mañana. Una es ayudar a Stanley a revisar el vídeo. La otra es trabajar con Mike para determinar exactamente cómo apuñalaron a Kelvin.
—Katie, trabaja con Stanley. Meera, puedes ir con Mike —confirmó Varney con un gesto de cabeza.
—Jefe —murmuraron las dos mujeres al unísono. Lesley notó que las había asignado exactamente como ella tenía pensado.
Suspiró. Esperaba que la incorporación de refuerzos al equipo no acabara siendo un ejercicio inútil de politiqueo interno.
—Vale —dijo—. Me voy al depósito. La madre de la víctima y la viuda tienen prevista una visita, y me gustaría hablar con ambas. —«Y ver cómo se llevan».
—¿Y la escena del crimen? —preguntó Dennis—. ¿No habría que comprobar si hay novedades sobre el cuchillo o sobre algún punto de entrada?
—Gail nos informará por teléfono de cualquier avance —le dijo.
—Sí, jefa.
—Tú ve a hablar con Aurelia Cross. Averigua lo que puedas sobre la situación legal de Kelvin. ¿Había cambiado su testamento? ¿Había algún caso por el que alguien pudiera querer matarlo?
—Jefa.
—Yo podría ir a la escena del crimen a hablar con los forenses y dirigir su trabajo —sugirió el subinspector Varney tras aclararse la garganta.
—No necesitas dirigir a Gail Hansford. Ella sabe lo que hace.
—Bueno. Con el debido respeto, los uniformados podrían necesitar supervisión.
Lesley lo miró. A los uniformados ya los supervisaba el sargento Dillick. Dudaba que necesitaran la ayuda del subinspector.
—No —dijo—. Quiero que investigues el contexto. Averigua lo que puedas sobre los negocios actuales de Kelvin. Busca en internet y habla con tus colegas de Bournemouth y Poole. Habrán oído cosas.
Crimen Organizado no les contaba nada, y con razón. Pero Kelvin había dirigido varios negocios en el este del condado, y tanto el CID como los uniformados de esa zona estarían al tanto.
—Sin problema, jefa. —Le dedicó una sonrisa falsa.
Lesley suspiró.
Ayer había pensado que tendrían muchas líneas de investigación que seguir, dada la cantidad de posibles asesinos de Kelvin. Pero ahora que había decidido centrarse en las pruebas y no en la galería de personajes, sentía que estaban perdiendo el tiempo.
Y encima tenía que lidiar con Varney y su equipo.
Pero cuanto más tiempo pasara sin una detención, mayor sería el riesgo de que se produjera un asesinato por venganza.
—Bien, a trabajar todos —dijo—. Quiero un informe dentro de una hora.