Los crímenes del Estanque Azul (Inspectora Lesley Clarke 7) Capítulo 29
33%

Capítulo 29

CAPÍTULO VEINTINUEVE

—Siento llegar tarde —dijo Lesley mientras entraba deprisa en el salón de eventos. Elsa ya estaba allí, de pie frente a una mesa vacía salvo por dos cubiertos. Sharon se encontraba a un lado de ella y el coordinador de bodas del hotel, Miles, al otro.

—Mamá —dijo Sharon—. Elsa ha dicho que podía venir porque tú estabas trabajando.

Lesley volvió a mirar la mesa. Dos servicios. Planeaban servirles a las dos una comida completa.

—Es una buena idea, Sharon, cariño. —Sintió que se le hundían los hombros—. Haz la degustación con Elsa. Será divertido.

—Oye. —Elsa se alejó de la mesa y se acercó a Lesley. Le tomó la mano—. Podemos compartir. No pasa nada. —Se volvió hacia el coordinador de bodas—. Puede hacer que la comida alcance para tres, ¿verdad? Repártala.

—Por supuesto. —El hombre pareció contrariado, pero al ver la expresión de decepción de Sharon, forzó una sonrisa—. Voy a hablar con los de cocina. —Desapareció por unas puertas dobles. Al abrirse, dejaron escapar el ruido de la cocina .

—Pues ya está —dijo Elsa. Tiró de la mano de Lesley—. Ven, siéntate mientras ponen otro cubierto.

—Esto va a costar más.

—Qué más da el precio.

—Tú eres la que ha estado preocupada por el dinero desde que dejaste el bufete. —Lesley miró a su prometida.

—Tengo un cliente nuevo. —Elsa le sonrió.

—¿De verdad? —A Lesley se le iluminó el rostro, y abrazó a Elsa—. Es una noticia estupenda, cielo. ¿Alguien que yo conozca?

—No hablemos de trabajo ahora. —Elsa bajó la mirada. Se volvió hacia la mesa sin soltar la mano de Lesley.

—Está bien. —Lesley se sentó en el sitio vacío. Sharon hizo amago de sentarse a su lado, pero se detuvo y se pasó a la silla siguiente, para que Elsa quedara junto a Lesley. Elsa le puso una mano en la rodilla.

Lesley miró hacia una silla contra la pared donde Elsa y Sharon habían dejado sus abrigos. ¿Estaba allí la bufanda?

—Deja que me quite el abrigo —dijo. Se levantó y fue hacia la silla, quitándose la prenda. La dejó encima del abrigo de Sharon y rebuscó entre lo que ya había allí para comprobar si estaba la bufanda de Elsa.

No había ninguna bufanda.

—¿Lesley? ¿Todo bien?

—Bien. ¿Habéis venido andando o en coche? —Lesley volvió a su sitio.

—Hemos venido andando —le dijo Sharon—. Aunque hace un frío de la hostia.

—¿Te estás convirtiendo en Dennis, mamá? —preguntó Sharon, riéndose al ver que Lesley le lanzaba una mirada de advertencia—. Lo próximo será que saques la hucha de las palabrotas.

Lesley se frotó los muslos bajo la mesa. Sharon ya había cumplido los diecisiete años. Tenía razón.

—No me extraña que tuvierais frío —dijo, consciente de la tensión en su voz—. No lleváis bufanda.

—Mi abrigo tiene un cuello enorme —dijo Sharon—. No me hace falta.

Lesley miró a Elsa.

—¿Qué? —dijo Elsa—. He perdido la mía. No es para tanto.

A Lesley se le cerró la garganta.

«Basta», se dijo a sí misma.

Era una coincidencia.

El coordinador de bodas salió de la cocina con una bandeja en la que llevaba otro cubierto.

—Muy bien —dijo—. El chef ha confirmado que todos los platos se pueden repartir entre las tres. Qué maravilla hacer esto en familia.