Los crímenes del Estanque Azul (Inspectora Lesley Clarke 7) Capítulo 22
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Capítulo 22

CAPÍTULO VEINTIDÓS

Mike odiaba las autopsias. Prefería mantenerse lo más alejado posible de la camilla, con la boca firmemente cerrada y evitando el contacto visual siempre que podía.

Pero al menos, con el doctor Gareth Bamford al mando, no tenía que aguantar a Whittaker y su música espantosa.

La sala de autopsias estaba en silencio; el patólogo hablaba en voz baja solo cuando era necesario, dirigiéndose a su asistente, que tomaba notas en una tableta.

Mike sabía que Lesley había trabajado con este médico en Devon, en el caso de Lyme Regis. Aquel en el que finalmente tuvo la oportunidad de conocer a la familia de Tina. Aquel durante el cual Tina ya sabía que estaba embarazada, pero decidió no decírselo todavía.

Aún sentía un escalofrío cuando pensaba en ello.

Tina no le había dado ninguna razón para su reticencia, pero él sacó sus propias conclusiones.

Era un cabo joven que vivía en un piso minúsculo.

No era precisamente un gran partido. Se la imaginaba acobardándose ante la idea de tener un bebé con él, de comprometerse a pasar la vida a su lado.

Y ahora míralos. Ya no estaban en el piso; habían unido sus ahorros y comprado una casita en Sandford. Louis había llegado en noviembre y, esto era lo que más le costaba creer, llevaba una alianza de boda en el dedo.

De compañeros de trabajo a familia feliz, todo en el espacio de un año. Y le encantaba.

—¿Cabo Legg?

Parpadeó y miró al patólogo, que lo observaba fijamente.

—¿Sí?

—¿Te estabas quedando dormido contra la pared, cabo Legg? —El doctor sonrió.

—No. Solo pensaba en el caso. —Mike sintió que se ponía rojo.

—Estaba terminando el examen. —El doctor enarcó una ceja—. Aún quedan por realizar las pruebas de toxicología, pero no encuentro indicios de otras lesiones aparte de la herida de cuchillo. Y las heridas de tanteo más superficiales, que hay debajo.

—¿Así que solo hay una herida que realmente le atravesó la piel? —preguntó Mike asintiendo.

—Es más complicado que eso. Las otras están distribuidas de forma uniforme y son superficiales. Atravesaron la piel, pero no sangraron. Y no me convencen.

Mike dio un paso al frente, permitiéndose mirar el cuerpo. Exhaló un suspiro de alivio. Habían cosido a Kelvin y casi parecía en paz. El mismísimo Kelvin, aún no se lo creía.

—¿A qué se refiere con que no le convencen? —preguntó.

—Míralo tú mismo. —El doctor Gareth Bamford le hizo un gesto para que se acercara y señaló las heridas. Estaba la herida mortal bajo la caja torácica y seis o siete más pequeñas debajo de ella.

—Heridas de tanteo —dijo Mike—, como usted ha dicho.

—Son demasiado perfectas. —El patólogo sacudió la cabeza—. Equidistantes y todas con la misma profundidad .

—¿Eso no es normal?

—En absoluto. Las heridas de tanteo suelen ser irregulares, aleatorias. Por lo general, el asesino va probando con el cuchillo, lo que significa que empieza con una o dos muy superficiales y luego se vuelven más profundas a medida que avanza. Es como si estuviera calculando cuánta presión aplicar.

—¿Entonces cree que esto fue un montaje?

—Lo creo. Además, hay algo más que no encaja con esas heridas.

—¿El qué?

—Son post mortem . —El doctor señaló de nuevo hacia el cuerpo—.

Al menos algunas de ellas deberían haber sangrado, pero el corazón se había detenido y no había sangre que pudiera brotar.

Quienquiera que matara a su víctima utilizó un solo movimiento firme con el cuchillo.

Una vez que el hombre estuvo muerto, hizo estas heridas menores para que pareciera un tipo de crimen diferente.

—Lo cual significa...

—Lo cual significa que el asesino es alguien que no solo tiene la confianza y la fuerza para matar a un hombre corpulento de una sola puñalada, sino que también sabe lo suficiente sobre patología como para intentar simular un crimen de principiante.