Los crímenes del Estanque Azul (Inspectora Lesley Clarke 7) Capítulo 21
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Capítulo 21

CAPÍTULO VEINTIUNO

Gail se llevó una mano al estómago, intentando ignorar los rugidos. «Stanley, ¿dónde te has metido?».

Esperaba que hubiera podido convencer a los del salón de té para que abrieran, o tal vez que hubiera encontrado alguna máquina expendedora por alguna parte. Lo que fuera, no le importaba. Solo necesitaba llenar el agujero que crecía en su estómago para no acabar desmayándose.

Estaba empezando a oscurecer, pero habían montado focos.

De todos modos, prefería trabajar con luz eléctrica que con la luz del día.

Era más fácil de controlar. Y quería hacer el barrido inicial del lugar antes de dar el día por terminado.

Sabía que los uniformados seguían por allí; veía las linternas moviéndose entre los árboles.

Solo esperaba que estuvieran siendo cuidadosos y que no se les pasara nada en las zonas de sombra.

—Gail —dijo Gav, acercándose a ella—, son las cuatro. ¿No crees que deberíamos dejarlo por hoy?

—Quiero dejar terminada la búsqueda hoy. Hay fauna salvaje aquí; las pruebas podrían verse alteradas. Y si este lugar estaba cerrado anoche, ¿quién asegura que quienquiera que tirara el cuerpo no vuelva por el mismo camino de antes y retire cualquier prueba?

—La policía puede poner vigilancia en el lugar. Imagino que lo harán.

—No faltan recursos cuando la víctima es el jefe del crimen organizado, ¿a que no?

—refunfuñó—. ¿Por qué no hacen esto con todo el mundo, Gav?

¿Esa mujer cuya casa tuvimos que rastrear el mes pasado, aquella a la que su marido estranguló?

¿O los drogadictos que casi mueren tras la redada en la casa okupa de Swanage?

—Sabes que las cosas no funcionan así. Además, cuanto antes resuelvan este caso, antes podrán evitar cualquier represalia entre los amigos y la familia de Kelvin.

—Amigos y familia. Querrás decir compañeros criminales.

—Bueno, ¿vas a dejar que nos vayamos a casa? —preguntó mientras se encogía de hombros.

Gail divisó una luz en lo alto de la colina. ¿Stanley?

—Deja que me coma un sándwich y luego revisaré en qué punto estamos.

No quería irse todavía, pero no era justo tener a Gavin allí más tiempo. Brett ya se había marchado al laboratorio para trabajar con el cuchillo. Desde luego, no pensaba quedarse sola.

Pero no estaría sola. Tendría a los uniformados con ella, atentos a que no le pasara nada.

La luz que esperaba que fuera Stanley desapareció en la dirección opuesta.

«Mierda». Necesitaba distraerse.

—Deja que empiece con el trozo que hay más allá de ese sendero y después será la hora de comer.

—Está bien —suspiró Gavin—. Te ayudaré.

—Tú encárgate de la zona siguiente. Entre el sicomoro de allí y ese tronco con forma rara.

—Tronco con forma rara. ¿Término científico ?

—Ya sabes a qué me refiero.

—Lo sé. —Sonrió Gavin.

Gail se dirigió hacia la siguiente parcela que le tocaba examinar. Había una zona de terreno despejado, cubierta de agujas de pino, con un grupo de árboles a un lado. Ajustó los focos para que la iluminaran.

Se detuvo.

¿Cómo no lo habían visto?

Había una bufanda enganchada en una rama. Estaba justo por debajo del nivel de los ojos y era de un color oscuro. Habría quedado oculta por la vegetación, invisible hasta que los focos la iluminaron.

Agarró una bolsa de pruebas. Cabía la posibilidad de que algún miembro del público que había venido a ver las luces la hubiera perdido allí, pero valía la pena echarle un vistazo.

Bajó la bufanda con cuidado y la metió en la bolsa. Tenía un estampado de cachemira, verde sobre negro. No era de extrañar que no la hubiera detectado.

Le resultaba familiar. Había visto una igual en alguna parte.

Probablemente en alguna de las tiendas locales. Gail vivía a diez millas, en Swanage, y era muy probable que alguien que visitara este lugar la hubiera comprado allí.

Aun así...

Entornó los ojos, intentando recordar. Intentando imaginarla alrededor del cuello de alguien.

Abrió los ojos.

No era de Swanage. La habían comprado en Londres. Se lo había preguntado a la mujer que la llevaba. La había admirado.

Sabía dónde la había visto. Y a quién se la había visto puesta.