Los crímenes del Estanque Azul (Inspectora Lesley Clarke 7) Capítulo 13
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Capítulo 13

CAPÍTULO TRECE

Gail había decidido empezar con un registro minucioso de la zona más próxima al cadáver.

El lugar donde flotaba estaba cerca de una especie de playa, de suelo arenoso mezclado con arcilla y agujas de pino.

Entre los tres podrían cubrir esa zona mientras esperaban a que llegaran los uniformados para examinar el lugar adecuadamente.

Gav estaba en el extremo opuesto de la playa, con la cabeza gacha, de espaldas a ella.

Estaba muy encorvado, y su altura hacía que pareciera a punto de desplomarse en cualquier momento.

Brett estaba en el centro, cubriendo la sección más ancha de la playa.

Y Gail se encontraba en el extremo más cercano al cuerpo.

La playa se estrechaba en ese punto hasta encontrarse con arbustos y maleza.

Había dividido la zona en cuadrículas de un metro y las estaba catalogando en su tableta.

El doctor Bamford, por su parte, se había retirado a su coche.

Estaba haciendo llamadas, organizando a un equipo para recuperar el cadáver y, sin duda, avisando a los suyos de que iban a practicarle la autopsia al criminal de peor fama de Dorset.

Quería quitarse de en medio y, según imaginaba Gail, también quería estar en un lugar un poco más cálido .

Oyó voces a sus espaldas y se irguió, presionándose la zona lumbar con el puño para aliviar el dolor que empezaba a sentir.

Se dio la vuelta y vio a ocho agentes uniformados bajando la colina desde el salón de té.

Al frente iba el sargento Dillick, con quien ya había trabajado antes en este tipo de búsquedas.

Los agentes llegaron a la playa y se detuvieron, con cuidado de no salirse del camino. Gail dio un paso al frente.

—Sargento Dillick —dijo—. Me alegro de verte. ¿Qué te han contado?

—Que tenemos una víctima de asesinato. —Señaló hacia el agua—.

Supongo que es aquel de ahí. También que es un lugar complicado y que hace falta nuestra ayuda.

Dado que nos han sacado de una operación antidrogas y nos han dicho que viniéramos aquí de inmediato, supongo que será alguien importante. ¿Un político? ¿Un famoso?

Gail lo observó con atención. Se preguntaba cuánto les habría contado Lesley a sus colegas sobre este caso y sobre la víctima.

—No me corresponde a mí comentar los detalles del caso —le dijo. No venía mal que su equipo mantuviera la mente abierta mientras realizaba el registro.

—Me parece justo. ¿Qué estamos buscando?

—Para empezar, si tenemos muchísima suerte, un cuchillo. Rastros de pelea. Pruebas de que lo hayan traído cargado o arrastrado hasta aquí. Huellas de zapatos o botas. Y cualquier cosa que se hayan podido dejar. Fibras de ropa, pelo, sangre. Lo habitual.

—Sin problemas —dijo Dillick, y dio un paso adelante—. ¿Puedo preguntar si es esa estrella de cine que acaba de comprar la casa grande en Church Knowle?

Gail reprimió una carcajada. No sabía nada de ninguna estrella de cine, pero no podía imaginar nada más alejado de la realidad .

—No, sargento. No es ninguna estrella. Pero ¿podemos limitar las especulaciones al mínimo?

—Lo siento. No he podido evitarlo. —Le guiñó un ojo—. ¿Qué patrón de búsqueda quieres que sigamos?

—Dado que en un lugar como este va a ser muy difícil usar una cuadrícula, y teniendo en cuenta la disposición de los caminos, creo que lo mejor es una espiral. Empezad allí, donde los arbustos llegan al estanque, y avanzad hacia fuera.

—¿Quieres que incluyamos ambos lados del lago?

—Del estanque. Sí. Todo el recinto.

—Aquí están los planos —dijo Brett, acercándose a ellos. Rebuscó en una bolsa y le entregó un montón de papeles al sargento—. El subinspector Brown se los pidió al gerente.

—¿No lo tienes en formato electrónico? Sería mucho más fácil.

—Hay un PDF —dijo Brett—. Pero no tiene coordenadas de cuadrícula. He superpuesto una cuadrícula sobre el plano para que podáis marcar todo lo que encontréis. —Miró a Gail—. Espero que aún nos sirva, aunque no vayáis a registrar siguiendo un patrón de cuadrícula.

—Está bien —le dijo ella—. Podemos usar la cuadrícula para el registro de hallazgos, sea cual sea el patrón de búsqueda que usemos.

—De acuerdo —dijo el sargento Dillick—. Empezaremos ahora mismo. ¿De la playa se encarga tu equipo?

—Eso es. Es la zona más próxima, así que requerirá el registro más minucioso.

—Me aseguraré de que también registremos con especial cuidado los senderos que conducen a este punto.

—Gracias.

—¡Gail!

Gav estaba cerca del agua, poniéndose de pie. Tenía una bolsa de pruebas en la mano.

—¿Qué pasa? — preguntó ella.

—Un cuchillo.

Gail intercambió una mirada con el sargento Dillick, que enarcó una ceja.

—Parece que después de todo no nos vais a necesitar —dijo él.

—Puede que no sea el arma. Y queremos encontrar algo más que el cuchillo.

—Tenemos que hacer un análisis en condiciones —dijo Gavin mientras se acercaba a ellos con la bolsa en la mano—. Pero a mí me parece que está limpio.

—¿Cómo de limpio? —preguntó Gail.

—No solo le han pasado un trapo. He olido productos de limpieza antes de meterlo en la bolsa.

—O sea, que lo desinfectan y luego lo tiran... ¿dónde?

—Bajo los arbustos de allí. —Gav señaló—. Estaba parcialmente enterrado.

—Casi como si quisieran que lo encontráramos.

Gav se encogió de hombros.

—Está bien. Se lo haré saber a Lesley. Sargento Dillick, continúa con el registro.