Los crímenes del Estanque Azul (Inspectora Lesley Clarke 7) Capítulo 12
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Capítulo 12

CAPÍTULO DOCE

Lesley había llegado a la oficina antes que los demás, a pesar de haber estado más lejos. Cogió la pizarra de la sala principal y la arrastró hasta su despacho, apartándola de la ventana y de la mampara de cristal.

Si alguna vez hubo un crimen cuya investigación quisiera mantener en secreto, era este.

Escribió el nombre de Kelvin en la parte superior de la pizarra, en el centro, y luego retrocedió para observarlo.

Arthur Kelvin, muerto.

El hombre que le había estado haciendo la vida imposible a Elsa durante el último año. El hombre que había sido responsable de la muerte de al menos dos abogados en el antiguo bufete de Elsa. El hombre al que el inspector Mackie había estado investigando cuando murió.

Sintió un escalofrío.

—¿Quién te ha matado, cabrón? —murmuró, con la mirada fija en su nombre—. ¿Y se darán por satisfechos con eso o vendrán a por el resto de tu familia?

¿Debía preocuparse de que quienquiera que hubiera matado a Kelvin siguiera amenazando a la gente a la que tenía en el punto de mira? ¿Podrían ser peores?

«No pienses en eso. Céntrate en el caso. Pruebas. Encuentra a quien lo mató antes de que pueda causar más daño».

¿Y cómo iba a compaginar todo esto con los preparativos de su boda?

Elsa no tenía trabajo. Podía encargarse ella. No le iba a gustar la idea, pero Lesley estaba segura de que Elsa querría que este caso se resolviera.

«Elsa». Debería decírselo.

La puerta exterior se abrió y entraron Mike y Stanley. La vieron a través de la mampara y se dirigieron a su despacho.

—¿Es que ya nadie llama a la puerta? —preguntó ella.

—Lo siento, jefa. —Stanley palideció. Salió de espaldas por la puerta y llamó al cristal.

—Ya es un poco tarde, ¿no? —Lesley sonrió—. Pasad, los dos. ¿Dónde está Dennis?

—Venía justo detrás de nosotros —dijo Mike, mirando hacia la puerta—. No sé qué ha pasado.

—Creo que Carpenter quería hablar con él —dijo Stanley.

—Para ti, el superintendente Carpenter —lo corrigió Lesley—. ¿Para qué lo quería?

Carpenter debería pasar por ella si necesitaba hablar con su equipo. Se tiró de la manga, irritada.

—Esperad un momento. —Salió de su despacho y se dirigió a la puerta exterior. Si Dennis y Carpenter estaban hablando, quería estar presente.

La puerta exterior se abrió justo cuando ella llegaba: era Dennis.

—¿Dónde estabas? —le espetó ella.

—Lo siento, jefa. El superintendente quería saber qué recursos necesitamos.

—¿Y te lo ha preguntado a ti ?

—Dio la casualidad de que me crucé con él en el pasillo. Siento si me he extralimitado. —Él se encogió de hombros.

—¿Qué le has dicho?

—Yo... —Las mejillas de Dennis se sonrojaron—. Le he dicho que necesitábamos a los uniformados para ayudar a los de la científica con el rastreo del lugar.

Lesley se clavó una uña en el muslo. Dennis tenía razón. Gail necesitaría ayuda en un lugar así. Pero no le gustaba que hubiera acudido directamente a Carpenter.

—Gracias, Dennis. Aunque deberías haberlo consultado conmigo primero.

—Iba a hacerlo, jefa. Pero me abordó junto al ascensor.

—¿Te abordó? —Lesley sonrió.

—Bueno, no exactamente. Pero me lo puso muy difícil para... —Se enderezó—. Lo siento, jefa. No volverá a ocurrir.

—No pasa nada, Dennis. Ya sé cómo se pone Carpenter cuando se le mete algo entre ceja y ceja. Hablaré con él para asegurarme de que la investigación tenga todo lo necesario.

—Seguro que sí.

—Tienes razón. En fin, vamos. Tenemos que repasar lo que tenemos hasta ahora. Asignar recursos. ¿Hay algo de lo que necesites hablar conmigo antes de que entremos ahí con Mike y Stanley?

—¿No es mejor que analicemos el caso entre los cuatro? —preguntó con el ceño fruncido.

—No me refiero a eso. Estoy preocupada por ti. Llamas para decir que estás enfermo, fingiendo una migraña, y luego te presentas en la escena del crimen sin avisar. ¿Cómo tienes la cabeza?

Dennis se llevó una mano a la cabeza, como si recordara que se suponía que debía dolerle. Se la frotó.

—Ahora está bien. Esta mañana me dolía una barbaridad, pero ya se me ha pasado. Gracias.

—Me alegra oírlo. —Lesley arqueó una ceja—. Pero me dirás si hay algo en lo que pueda ayudarte, ¿verdad?

—Por supuesto. —Dennis miró por encima del hombro de ella, hacia la oficina—. Se están impacientando.

Lesley se giró para mirar a través del cristal. Ambos agentes apartaron la mirada rápidamente. Ella soltó una risita.

—Venga, pues, Dennis. Vamos a ponernos manos a la obra.