Capítulo 14
CAPÍTULO CATORCE
—Muy bien —dijo Lesley—. ¿Qué tenemos hasta ahora?
—Acabo de ver un correo de Gail —dijo Mike—. Han encontrado un cuchillo.
—¿Un cuchillo? ¿O el cuchillo?
—Aún no lo han analizado. El patólogo tendrá que compararlo con el patrón de la herida.
—Pero no pueden hacer eso hasta que el cuerpo esté fuera del agua.
Mike se encogió de hombros.
—Aun así, es un avance —dijo Lesley—. Ponlo en la pizarra, ¿quieres?
Mike agarró un rotulador y empezó a escribir.
—Supongo que no habrá restos forenses, ¿verdad? —preguntó Dennis.
—Gail dice que está limpio. —Mike negó con la cabeza sin dejar de escribir—. Muy limpio.
—¿En qué sentido? —preguntó Lesley.
—Al parecer, tiene restos de desinfectante.
—Eso ya es algo. Tal vez podamos rastrear la marca .
—No creo que identificar qué aroma de Domestos tiene nos ayude a localizar a un asesino —dijo Dennis.
—¿Dónde estaba? —Lesley le lanzó una mirada a Dennis y luego se volvió hacia Mike.
—No lo sé.
—No puede haber estado lejos del cuerpo —le dijo Dennis—. Los de uniforme no habrán tenido oportunidad de hacer un registro completo todavía.
—Mike, pon algunos nombres más ahí, por favor —le pidió Lesley, que apoyó la barbilla en las manos, contemplando la pizarra.
—¿Tenemos algún sospechoso? —Mike la miró.
—Todavía no. Pero no está de más.
—Vale. —Se volvió hacia la pizarra, con la mano lista y el rotulador en alto—. ¿Darren Kelvin?
—Ese sigue en prisión —dijo Dennis.
—No significa que no pudiera haber encargado un trabajo —sugirió Stanley.
—¿Podemos dejar de hablar como si esto fuera la mafia? —Lesley puso los ojos en blanco y le hizo un gesto a Mike—. Ponlo ahí, de todos modos. Y al otro sobrino. Sí que hay otro, ¿verdad?
—Kyle —dijo Dennis.
—¿Cómo es que nunca me he cruzado con él antes?
—Vive en Plymouth —dijo Dennis, que se volvió hacia ella—. Los de Crimen Organizado creen que trabaja para su tío, dirigiendo algún tipo de operación a distancia.
—Redes de narcomenudeo —masculló Lesley, y Dennis asintió.
—Trabajaba —intervino Stanley—. En pasado.
—Trabajaba para él —asintió Dennis—. Pero a distancia.
—Bien —dijo Lesley—. Pon su nombre ahí. Quiero saber si ha estado en Dorset en los últimos días.
Mike escribió «Kyle Kelvin» en la pizarra .
—Y pon a la viuda —dijo Lesley—, Amanda Frobisher.
—¿Frobisher? —le preguntó Dennis.
—No todas las mujeres adoptan el apellido de su marido —replicó Lesley, enarcando una ceja.
—Lo sé. Pero si se casó con un hombre como Arthur Kelvin...
—Quizá no quiera que la asocien con la empresa familiar —sugirió Mike.
—Quizá tenga agallas —respondió Lesley—. La conocí. Tiene más fondo del que esperaba. Aunque...
—¿Aunque qué? —preguntó Dennis.
—Cuando mencioné a su suegra... —Lesley negó con la cabeza, recordando su conversación con Amanda—. Me pareció casi asustada.
—Seguro que, si estás casada con Arthur Kelvin, no le tienes miedo a nadie. —Stanley resopló.
—Tú no conoces a Vera Kelvin —masculló Dennis.
—¿Vera? —preguntó Mike. Acababa de terminar de escribir «Amanda Frobisher» en la pizarra—. ¿Ese es su nombre?
—No hay nada de malo en el nombre —dijo Dennis—. Aunque no diría lo mismo de la mujer en sí.
—¿La conoces? —preguntó Lesley.
—Hace años. —Dennis hizo una mueca—. Décadas, más bien. Gerard, su marido, y ella vinieron a un acto benéfico de la policía en el Hotel Sandbanks, en la época en que Henry Lampton era el jefe de policía. Yo... los acompañé.
—¿Con el inspector Mackie? —le preguntó Lesley en voz baja.
Él asintió.
—Háblame de ella.
—Vale. Verás, Gerard Kelvin era un gánster de la vieja escuela.
Si me hubieran dicho que participó en el gran robo del tren, me lo habría creído.
Un hombre sumamente desagradable, pero inteligente.
Todo el mundo le tenía pánico, incluso cuando se mostraba dulce como la miel delante de ellos. Excepto Vera.
—¿No le aguantaba gilipolleces a nadie? —preguntó Mike.
—Michael —dijo Dennis.
—Perdón, sargento.
—Pero no —continuó Dennis—, ella no dejaba que nadie le dijera qué hacer.
Había quienes pensaban que ella era la verdadera jefa de la familia.
En aquellos tiempos nadie habría aceptado a una mujer al frente en ese tipo de negocios, así que existía la teoría de que se casó con Gerard para que él fuera la cara visible de la operación.
—¿Pero cuando él murió...? —preguntó Lesley.
—Arthur tomó el mando.
—¿No su hermano o su hermana? ¿Qué hay de los padres de Darren y Kyle?
—Era su hermano, Frank. Desapareció en 1993.
—¿Asesinado? —preguntó Mike.
—Ni idea. —Dennis negó con la cabeza—. O se marchó a algún lugar por su cuenta o quienquiera que lo matara lo escondió tan bien que nunca fue encontrado.
—Espera un momento —dijo Mike—. Así que tenemos a una matriarca que sigue por aquí, una nuera que le tiene miedo y dos hijos muertos.
—No creo que sea un crimen doméstico, si es eso lo que sugieres —respondió Dennis.
—Dejemos las especulaciones para cuando tengamos más pruebas —dijo Lesley—. Mike, pon todos esos nombres en la pizarra. Dennis, si sabes algo más sobre el árbol genealógico de la familia, ponlo ahí.
—¿Qué hay de los hijos de Kelvin? —preguntó Stanley—. ¿Sabemos si tuvo alguno?
—Que sepamos, no —dijo Dennis.
—Muy bien —dijo Lesley—. Tenemos que recordar que el cuerpo presenta heridas de tanteo. Quien hizo esto no tenía experiencia.
—Familias como los Kelvin rara vez cometen los delitos ellas mismas. Tienen a otros para que lo hagan por ellas —sugirió Dennis.
—No digo que su madre o su mujer lo apuñalaran ellas mismas. Solo que si es un asunto de familia... bueno, quienquiera que lo hiciera, puede que no se sintiera cómodo haciéndolo.
—Podría estar escenificado. —Dennis se volvió hacia ella.
—¿Fingido?
—Alguien con suficiente conocimiento de cómo funcionan estas cosas podría haber fingido unas heridas de tanteo. Y luego clavar el cuchillo —dijo Dennis, asintiendo.
—Tendrían que haber sido rápidos, si él estaba consciente —dijo Mike.
—Quizá no lo estaba —replicó Lesley—. Necesitamos averiguar cuándo se va a realizar la autopsia. —Soltó un suspiro—. Muy bien. Stanley, quiero que vuelvas al lugar de los hechos. Contacta con Gail, asegúrate de que me entere en cuanto se encuentre algo. Mike, habla con el doctor Bamford.
—¿Con quién?
—El nuevo patólogo.
—Claro. ¿Quieres que asista a la autopsia?
—Por favor.
—¿Y qué hay de mí, jefa? —preguntó Dennis.
—Tenemos que charlar —dijo Lesley mientras lo miraba fijamente.
—¿Charlar? —Dio un respingo.
—Quiero que me pongas al día sobre todo lo que sepas de la familia Kelvin. Una breve historia, por así decirlo.
—Seguro que los de Crimen Organizado estarán mejor situados para eso.
—También hablaré con ellos. Pero algo me dice que tú sabes mucho sobre esta gente.