Capítulo 8
CAPÍTULO OCHO
—¡Jefa!
Lesley levantó la vista y vio a un hombre que bajaba por el sendero. Llevaba una chaqueta de tweed sobre unos pantalones marrones y zapatos cómodos. Venía deprisa, sin aliento.
—¿Dennis? Se supone que estás de baja por enfermedad.
Intercambió una mirada con Gail y salió del agua, dando sus primeros pasos con cuidado para no alterar la zona donde estaba el cuerpo.
Dennis había desaparecido detrás de unos arbustos.
—¡Dennis! —llamó Lesley—. ¿Dónde estás? ¿Qué haces aquí? Creía que tenías migraña.
—¿Migraña? —susurró Gail. Lesley se llevó un dedo a los labios para que se callara.
—Lo siento, jefa —dijo Dennis, que salió a trompicones de entre unos matorrales y llegó tambaleándose al suelo arenoso que había tras Lesley—. Habría llegado antes, pero...
—No te esperábamos en absoluto.
—Me he enterado. —Dennis hizo una pausa—. ¿Es él?
—Es nuestra víctima, si es a eso a lo que te refieres .
Dennis se acercó más al agua. Gail se aproximó a los dos policías, protegiendo la escena.
—No —dijo Dennis—. ¿Es... él?
—Así que ya te has enterado. —Lesley tiró de sus vadeadores.
—Kelvin. —Dennis se volvió para mirarla—. Alguien ha acabado con él.
—Eso parece.
—¿Quién?
—¿Cómo demonios quieres que lo sepa? —Se rio Lesley.
Dennis frunció el ceño. «No empieces con la hucha de las palabrotas, ahora no», pensó Lesley. Habían dejado de usarla hacía más de un año.
—El patólogo ni siquiera ha llegado todavía —le explicó Lesley—. He enviado a Mike a interrogar a las personas que lo encontraron, y Stanley le está preguntando al gerente sobre los puntos de acceso.
—¿Cuánto tiempo lleva aquí?
—No mucho —dijo Gail—. No hay sangre y lo habrían visto.
—¿Cómo... cómo murió?
—Aún no lo sabemos —dijo Gail—. El patólogo no...
—Estás lleno de preguntas, Dennis —interrumpió Lesley—. ¿No crees que deberías estar en casa, cuidándote?
—Esto es más importante. —Sacudió la cabeza y la miró—. Esto cambia las cosas, ya sabes. Habrá una transición.
—No creas que no lo he tenido en cuenta. Hay un vacío de poder en el hampa local.
—Se llenará —dijo Dennis en voz baja.
—Se llenará rápido.
—¿Tenemos que preocuparnos?
Lesley se había quitado por fin los vadeadores. Los dejó sobre una roca.
—Creo que sí. Hablaré con Carpenter, me aseguraré de que se asignen recursos.
—Hay que vigilar a su familia.
—Darren Kelvin está en prisión por el caso de Lyme Regis.
—Pero todavía queda Kyle, el otro sobrino —confirmó Dennis—. Y la viuda.
Lesley pensó en la casa de los Kelvin, en Sandbanks. La lujosa mansión con vistas al puerto. Nunca había conocido a la esposa de Kelvin y no estaba segura de que Dennis la conociera tampoco.
—Tienes razón. —Se dirigió a grandes zancadas hacia el sendero—. Si estás en condiciones de trabajar, me gustaría que te hicieras cargo de esto. Avísame cuando llegue el patólogo. Y asegúrate de que no entre nadie. Stanley tiene que decirle al gerente que cierre todas las verjas.
—O que no salga nadie —dijo Dennis—. Podrían estar todavía aquí.
—Lo dudo —le dijo Lesley.
—¿Adónde vas tú?
—A informar a la viuda. Creo que debería enterarse por nosotros.
—Si es que sigue en el país —dijo Gail.
—Tienes razón —dijo Lesley dirigiéndose a ella—. Podría haber huido. Si alguien ha matado a su marido...
—¿Quién dice que no haya sido ella? —sugirió Dennis.
—¿Y lo tira aquí fuera? —Lesley volvió a mirar hacia el cuerpo—. Lo lógico sería que lo hubiera hecho en casa.
—No necesariamente. Quizá quería que pareciera obra de otro. Como un ajuste de cuentas.
—No te presentes todavía al casting de El Padrino , Dennis. —Lesley sonrió—. Tú quédate aquí. ¿A menos que quieras darle la noticia a la viuda?
Los ojos de él se abrieron de par en par .
—Ese es tu trabajo.
—¿Ah, sí?
—Creo que deberías hacerlo tú —concluyó Dennis.
—Muy bien. —Lesley observó a Dennis. Sus mejillas habían palidecido—. Ya te contaré cómo me va.