Capítulo 105
CAPÍTULO CIENTO CINCO
—Tina, no tenías por qué —dijo Dennis.
—Me los ha mandado mi madre. Los encontré en mi piso.
—¡Pues ábrelos!
Tina sonrió. Dejó la caja de bombones sobre su escritorio y le quitó el celofán.
—Caja Roja —dijo Dennis—. Tu madre es de las de toda la vida. Me parece bien.
Tina se encogió de hombros.
—No sabía que todavía se hacían —se rio Mike.
—Aprovechemos —dijo Tina.
—Podría acostumbrarme a tu madre —replicó Mike, metiéndose un bombón en la boca.
—Eso me recuerda… —le dijo ella—. Vamos a cenar a su casa el sábado de la semana que viene. Es que… —Dejó la frase en el aire.
—¿Qué pasa, Tina? —preguntó Mike—. ¿No te hace ilusión?
—No pasa nada —dijo Tina.
Ahí estaba otra vez, esa tensión entre los dos colegas. A Dennis no le gustaba tener parejas sentimentales en el equipo.
La puerta se abrió y entró la inspectora.
—Bombones. ¿Puedo coger uno?
—Me los ha mandado mi madre, jefa. Te mencionaba a ti expresamente en la tarjeta.
—Tu madre es un encanto. —La jefa escudriñó la caja y luego cogió uno. Dennis observó con sorpresa que se trataba de uno relleno de fresa.
—Bueno —dijo—. Tengo noticias para todos.
—Hemos hecho tres detenciones —dijo Dennis mientras la observaba con atención—. Eso ya lo sabemos.
—Esto es otra cosa. —Recorrió el rostro del sargento con la mirada.
—¿Qué es, jefa? —Se armó de valor—. ¿Es sobre el inspector Mackie?
—Carpenter ha traído a un investigador, el superintendente Phipps, del cuerpo de Hampshire. ¿Lo conoces?
Dennis sintió que el suelo se tambaleaba bajo sus pies. Extendió una mano y se agarró a su escritorio.
La jefa frunció el ceño.
—Dennis, ¿estás bien?
—Estoy bien, jefa. Perdona. No conozco a ese hombre.
Inspiró hondo. Notaba cómo el sudor le perlaba la frente. Parecía que las piernas se le hubieran ablandado.
El superintendente Phipps. Ya se había topado con él antes.
—¿Seguro que estás bien? —preguntó la jefa. Se le acercó, tendiéndole una mano.
Dennis la apartó.
—Estoy bien, jefa. Estaré bien.