Los crímenes de la playa de fósiles (Inspectora Lesley Clarke 6) Capítulo 91
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Capítulo 91

CAPÍTULO NOVENTA Y UNO

Lesley aparcó frente a la casa de Darren Kelvin. Detuvo el coche y se quedó sentada un momento.

—¿Estás bien, jefa? —preguntó Dennis.

—Sí. Estoy pensando en la mejor forma de enfocar esto.

—Puede que ni siquiera esté.

Lesley se giró hacia él.

—Si está, necesitamos un plan. Si hay alguien que va a tener una coartada lista, ese es Darren Kelvin.

—Lo tenemos en las cámaras de seguridad. Ninguna coartada va a sacarlo de esta.

—Cierto —dijo ella—. Pero ya conoces a los Kelvin. Son escurridizos como anguilas.

Dennis enarcó las cejas.

—De esta no se libran, jefa.

—Espero que tengas razón.

Lesley abrió la puerta del coche y observó la casa mientras esperaba que Dennis se reuniera con ella.

Era un gran chalé en Canford Cliffs, a poco más de ochocientos metros de la mansión de su tío. No tan grandioso, pero elegante de todos modos. Apenas podía oír el mar en la distancia y el graznido omnipresente de las gaviotas.

—Vale —dijo—. Déjame llevar la iniciativa.

—Me parece perfecto, jefa —dijo Dennis.

Lesley le sonrió. Le gustaba cuando Dennis no se ponía en plan protestón.

Recorrió el camino de entrada y pulsó el timbre. Pocos instantes después, una mujer abrió la puerta.

—¿Señora Kelvin? —preguntó Lesley.

—No —respondió la mujer.

—Disculpe —dijo Lesley, mostrando su placa—. Soy la inspectora Clarke, de la policía de Dorset. Este es mi compañero, el sargento Frampton. ¿Cómo se llama, por favor?

—Tracy Stevens, ¿algún problema?

Lesley frunció el ceño.

—Señorita Stevens, ¿es usted la novia del señor Kelvin?

—No. ¿Quién es el señor Kelvin?

Lesley miró a Dennis.

—Darren Kelvin. Esta es su dirección. Necesitamos hablar con él.

—Lo siento, cariño. No sé de quién me hablas.

—¿Vive usted aquí? —preguntó Dennis.

La mujer lo miró.

—¿He hecho algo malo? Mierda, ¿es por mi marido? ¿Qué ha hecho esta vez?

Lesley se tensó.

—¿Cómo se llama su marido?

—Tom. ¿Qué ha hecho ahora?

—¿Trabaja para alguna de las empresas de Arthur Kelvin, por casualidad? —preguntó Dennis.

La mujer lo miró.

—Es director de hotel. Una cadena importante, en Bournemouth.

Lesley observó a la mujer. ¿Estaría diciendo la verdad?

—Disculpe, señorita Stevens —dijo Lesley—, pero ¿alquila usted esta casa?

—Sí. Por la agencia inmobiliaria Canford Letting. Tengo toda la documentación: pago el alquiler, las facturas del agua… todo en regla. He pagado incluso la licencia de televisión.

—Está bien —dijo Dennis—. Entonces, ¿la agencia Canford Letting es su casera?

—Mi casera no, la casa es de un tipo que trabaja fuera del país. Pero sí, es con ellos con quienes trato.

—¿Sabe por casualidad el nombre de su casero? —preguntó Dennis.

—Lo siento, no me lo dijeron.

Maldita sea.

—De acuerdo, gracias por su tiempo —dijo Lesley.

Se dio la vuelta y Dennis se unió a ella.

—Parece que dice la verdad —murmuró Lesley.

Dennis asintió.

—Si Darren Kelvin no vive en esa casa, ¿dónde vive? —preguntó Lesley mientras se detenía junto al coche.