Capítulo 90
CAPÍTULO NOVENTA
Stanley estaba encorvado sobre el ordenador de Donna, con Mike de pie detrás de él. Donna estaba junto a la puerta, con la respiración entrecortada.
—Voy a meterme en un buen lío —dijo ella.
—Podrías salvarle la vida a Christian —le dijo Mike.
—¿Tan grave es?
—Esperemos que no —masculló Stanley, con los ojos recorriendo la pantalla.
—¿Qué te parece? —le preguntó Mike—. ¿Nos ayuda a acotar dónde podrían habérselo llevado?
—Todavía no. Dame tiempo. —A Stanley le dio un tic en la mejilla.
Mike se moría de ganas de tomar el control, por meterse él mismo en el sistema. Pero Donna solo le permitía usarlo a Stanley.
Su teléfono sonó y lo cogió, agradecido de que algo rompiera la tensión.
—Hola, Tina —dijo—. ¿Has vuelto a la oficina?
—Sí —respondió ella.
—¿Qué tal con tu madre?
—Bien. —Su voz era seca.
—¿Estás bien?
—Me has metido en un marrón —dijo ella.
Mike ahuecó la mano sobre el teléfono, mirando a Stanley.
—¿A qué te refieres?
—La jefa me pidió que revisara las cámaras de seguridad. No lo hice tan rápido como debería porque estaba fuera, en el lugar donde Christian Davison y su equipo hicieron una redada antidroga la semana pasada.
—Entonces, ¿qué he hecho mal?
—Identificaste a Stephen Leonard antes que yo.
—Lo siento, Tina —dijo él—. Pero solo estaba haciendo mi trabajo. La jefa nos pidió a Stan y a mí que...
—Lo sé —suspiró, y la crispación desapareció de su voz—. Sé que sí, es solo que... no necesito esto ahora mismo.
Mike se giró hacia la pared, consciente de que Stanley y Donna lo estaban escuchando.
—¿Estás bien, Tina? ¿Pasó algo mientras estabas en Lyme Regis?
—Estoy bien. No te preocupes por mí. —Y colgó.
Stanley levantó la vista hacia él.
—¿Todo bien?
—Bien —respondió Mike.
No iba a entrar en detalles sobre su vida personal con el miembro más nuevo del equipo.