Los crímenes de la playa de fósiles (Inspectora Lesley Clarke 6) Capítulo 84
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Capítulo 84

CAPÍTULO OCHENTA Y CUATRO

—Lesley, ¡he encontrado algo!

Lesley se giró en la dirección de la voz de Gail.

—¿Dónde estás?

—Arriba, en el dormitorio del fondo.

Subió las escaleras a toda prisa, dudó un instante al llegar arriba y luego entró en el dormitorio del fondo. Gail estaba agachada en el suelo, buscando debajo de la cama.

—¿Qué es? —preguntó Lesley.

—Un portátil. Estaba escondido aquí debajo. —Levantó la vista hacia Lesley, luego estiró el brazo y sacó el portátil. Lo dejó sobre la cama.

—A lo mejor quería esconderlo de los ladrones.

—Quizá. Pero echemos un vistazo. —Gail abrió el portátil—. Mierda, está protegido con contraseña. —Levantó la cabeza y gritó—. ¡Gav! ¡Trae el descodificador!

—Voy a por él a la furgoneta —se oyó la voz de Gav.

—¿Tienes un aparato que descifra contraseñas? —preguntó Lesley.

—No es infalible, pero es mejor que quedarme aquí mil años intentándolo manualmente.

Empezó a toquetear las teclas.

—Yo no haría eso —dijo Lesley—. Podría bloquearnos el acceso.

—No te preocupes —replicó Gail con una sonrisa—. El chisme que va a traer Gav anulará cualquier cagada que yo haga.

Gavin apareció en el umbral de la puerta, con un pendrive en la mano.

—¿Eso es todo? —preguntó Lesley.

Gail lo conectó al portátil y aparecieron caracteres en el campo de la contraseña. Se movieron rápidamente, hasta que finalmente encajaron. El portátil cobró vida.

—Muy bien —dijo Gail—. A ver qué tenemos.

Fue al gestor de archivos, recorrió las carpetas y luego pasó al historial de software.

—Una aplicación de vídeo. Se usó ayer.

Abrió la aplicación e hizo clic en el archivo más reciente. Era la grabación de una cámara.

Gail ladeó la cabeza.

—Esa es la calle —dijo Lesley.

—Sí, pero ¿desde dónde?

Gail se levantó, con el portátil aún en las manos.

—Joder, las rodillas. Ya no estoy para andar a cuatro patas.

Se oyó una tos en la puerta. Lesley levantó la vista y vio a Dennis observándolas.

—Lo siento, Dennis —masculló Gail. Se giró para sentarse en la cama, poniéndoselo en el regazo. Lesley se sentó a su lado.

Gavin apareció detrás de Dennis.

—Hay una cámara junto a la puerta principal. Bien escondida, pero ahí está.

—Bien —dijo Gail—. Si nosotros no la vimos, lo más probable es que ellos tampoco.

Pasó rápidamente por varios archivos hasta que reprodujo uno cuya marca de tiempo se correspondía con el testimonio que el vecino había dado sobre la supuesta detención de Davison.

Lesley observaba en silencio.

Cinco hombres se apresuraron hacia la puerta. Tres de ellos llevaban uniforme de policía, o más bien imitaciones. Uno iba de paisano. Estaba detrás de los hombres con los uniformes falsos, con el rostro oculto.

Al cabo de un momento, los falsos policías se hicieron a un lado. El hombre de paisano, vestido con un traje, se giró brevemente hacia la cámara.

—¿Lo reconoces? —preguntó Lesley.

Gail entornó los ojos. Negó con la cabeza.

—Puede.

Lesley levantó la vista y vio que Dennis estaba pálido.

—Dennis, ¿quién es?

—Déjame verlo otra vez.

Gail giró el portátil hacia él.

—Cielo santo —dijo él.

—¿Qué pasa? —le preguntó Lesley—. ¿Quién es?

Dennis tuvo que humedecerse los labios antes de contestar:

—Es Darren Kelvin.

Lesley sintió que se le helaba la sangre.

—¿Kelvin?

—Sí, pero no Arthur Kelvin sino su sobrino. Darren Kelvin fue el hombre que se llevó a Christian Davison.