Los crímenes de la playa de fósiles (Inspectora Lesley Clarke 6) Capítulo 82
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Capítulo 82

CAPÍTULO OCHENTA Y DOS

—¡Han llegado los refuerzos!

Lesley se giró y vio que Gail avanzaba por el camino de entrada de la casa de Davison.

—¿Qué necesitas? —le preguntó la forense mientras entraba con cuidado por la puerta dañada.

—Necesito cualquier cosa que pudieran haber dejado atrás cuando se produjo el supuesto arresto.

—Vale, recapitulemos. ¿Cuál es el caso? ¿Quién es el sospechoso? ¿De quién es esta casa?

—¿No te han informado? —preguntó Lesley.

—Recibí una llamada diciéndome que viniera aquí a toda prisa. Es todo lo que sé.

—¿Quién te llamó? —preguntó Lesley.

—Mike. Parecía que tenía prisa.

—Vale. —Lesley se acercó a Gail—. Esta casa es del agente autorizado Christian Davison. Es un posible sospechoso en el caso Fogarty y Lawson. El arma que encontraste era suya.

—De acuerdo, ahora todo tiene sentido. —Gail cruzó el pasillo hasta el salón y lo recorrió con la mirada—. Entonces, ¿a qué viene eso del supuesto arresto?

—Anoche vinimos a interrogarlo —respondió Lesley—. No estaba. Resulta que uno de sus vecinos lo vio mientras se lo llevaban detenido. —Hizo comillas en el aire con los dedos—. Fue ese mismo día, más temprano, solo que no hay ningún registro en el sistema de ninguna detención ni de ninguna orden.

—O sea, que alguien fingió una detención —dijo Gail.

—Bingo.

—Y necesitas que Gavin y yo busquemos cualquier cosa que dejasen atrás o pruebas de quién pudo habérselo llevado o adónde pueden habérselo llevado.

—Eso es exactamente lo que necesito.

—De acuerdo. Buscaré, pero no espero encontrar nada.

—¿Por qué no?

—Cualquiera que finja una detención lo bastante convincente como para llevarse a un poli en activo va a tener alguna noción de la existencia de la policía científica.

Dudo mucho que hayan dejado algo útil. —Gail hizo una pausa y arrugó la nariz.

Era la única parte de ella que Lesley podía distinguir bajo el traje forense—. Pero nunca se sabe. Déjamelo a mí.

—Vale. Empieza por el salón. Dejó un sándwich a medio comer, creemos que es donde estuvo por última vez.

Gail negó con la cabeza.

—Empezaré por la puerta de entrada. Habrán llamado, él habrá abierto y puede que ni siquiera llegaran a entrar.

Gail tenía razón.

—Haz lo que tengas que hacer —le dijo Lesley a su colega.

—Supongo que habéis tenido cuidado con quién ha tocado esa puerta.

Lesley la miró. La puerta estaba astillada alrededor de la cerradura; el encargado de la entrada la había forzado para abrirla.

—Me temo que no.

Gail se rio.

—No es la primera vez. Veré qué puedo hacer.