Capítulo 80
CAPÍTULO OCHENTA
Tina contemplaba la base de datos con la mirada perdida.
No había nada: ninguna prueba de que Christian Davison hubiera sido detenido, ninguna orden de detención.
Ni visitas a su casa, aparte de la que hicieron la jefa y el sargento.
Habría una de Asuntos Internos, pero esa no estaba en el sistema.
Si hubieran tenido una orden de detención en su contra, habría quedado registrada.
Se reclinó en la silla y suspiró.
—¿Sin suerte? —preguntó Mike.
—Nada. Si se lo llevaron, no fue la policía.
—¿Cuál fue su último servicio? —preguntó Mike.
—¿A qué te refieres?
—Su equipo de agentes autorizados, ¿cuál fue el último servicio que hicieron?
—¿Y eso qué importa?
—Hazme caso —replicó Mike, mirándola por encima de los escritorios.
Tina ladeó la cabeza.
—Por ser tú. —Se inclinó sobre el teclado—. Aquí no aparece.
—Vale. En ese caso, tenemos que ir a hablar con sus compañeros.
Stanley se puso en pie.
—Iré contigo, conozco a una compañera de la unidad.
—¿No es razón para que te quedes aquí? —dijo Tina.
Stanley negó con la cabeza.
—No pasa nada, yo puedo hacer que hable. Vamos, Mike, ven conmigo.
Tina miró a Stanley. ¿Desde cuándo era él quien daba las órdenes?
Era el miembro más nuevo del equipo. Pero, aun así, estaba cansada por las noches en vela en Lyme Regis y la constante y mordaz presión por haberle contado a su madre lo del embarazo.
Todavía no se lo había dicho a Mike. Y encima tenía náuseas...
—De acuerdo —dijo.
No le gustaba sentirse así. No quería que su embarazo le impidiera hacer su trabajo.
—Pero avisadme si me necesitáis.
—Claro que sí, Tina —respondió Mike con una sonrisa.