Los crímenes de la playa de fósiles (Inspectora Lesley Clarke 6) Capítulo 79
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Capítulo 79

CAPÍTULO SETENTA Y NUEVE

Esta vez, Lesley no se molestó en aparcar en el aparcamiento del Aldi y simplemente detuvo el coche delante de la casa de Davison.

Justo cuando lo hacía, un coche patrulla llegó por detrás, y otro apareció por la dirección opuesta y aparcó delante de ella.

Dos agentes uniformados salieron del coche patrulla de atrás, y uno de ellos se apresuró hacia ella.

—Sargento Gates —dijo—. Soy de la unidad de respuesta. ¿Es usted la agente al mando?

Lesley asintió.

—Inspectora Clarke, a cargo de la investigación de un doble asesinato. Christian Davison es una persona de interés. Varios testigos vieron cómo lo arrestaban ayer sobre las cinco de la tarde, pero ningún cuerpo de policía lo ha detenido.

—¿Fue una detención falsa?

—Aún podría estar ahí dentro, sargento. Tenemos que considerar...

—Sé lo que hago, señora. ¿El vecino lo vio cuando se lo llevaban?

—Sí.

—Entonces, ¿qué buscamos?

—Quienquiera que se lo llevara sabría que vendríamos. Tenemos que comprobar que no nos hayan dejado ninguna sorpresa desagradable. Y, a su vez, mantener la casa intacta para los de la científica.

—Sin problema. —El sargento Gates habló por la radio.

Lesley se dio la vuelta y miró hacia la casa.

—¿Han traído el ariete?

—Sí, señora.

Dos agentes salieron del otro coche. Se acercaron a la casa, mirando hacia Lesley y el sargento en busca de confirmación. Otro vehículo se detuvo: un furgón policial. De él salieron cuatro agentes de la unidad de agentes autorizados.

Lesley frunció el ceño y se acercó al furgón. El sargento en el asiento del copiloto bajó la ventanilla.

—No esperamos que haya nadie dentro —dijo—. Y mucho menos alguien armado.

—Órdenes del superintendente, señora.

Lesley gruñó. No haría ningún daño entrar con toda la artillería. Se volvió hacia el sargento de la unidad de agentes autorizados.

—¿Son del equipo del agente Davison? —preguntó.

—No, señora. Soy el sargento Djalili. Davison trabaja con la sargento Weathers. Hay dos equipos dentro de la unidad.

—Entiendo. Pónganse detrás de los uniformados. Abrirán la puerta y después podrán pasar.

—Sí, señora.

Vio a Dennis de pie junto a su coche. Lesley se acercó a él y ambos se hicieron a un lado mientras los agentes uniformados se aproximaban a la casa.

A los pocos segundos, la puerta principal estaba abierta y tres de los agentes autorizados ya estaban dentro.

Otro rodeó la casa por detrás, seguido por dos uniformados.

Lesley oyó voces y pasos dentro de la casa. Se acercó a la puerta principal.

—¿Se puede entrar? —gritó.

—Sí, señora —respondió la voz del sargento Gates.

Lesley entró. La casa parecía abarrotada, llena de corpulentos agentes uniformados, pero no había ni rastro del agente Davison.

—Registrad cualquier sitio donde alguien pueda haberse escondido. Armarios, roperos, debajo de la escalera. ¿Hay algún cobertizo o edificio anexo, un garaje quizá?

—Señora. —Djalili bajaba las escaleras. Hizo un gesto a su equipo para que se dispersaran en distintas direcciones. Volvieron uno por uno.

—Nada. Ni rastro de él.

Lesley se volvió hacia Dennis, que estaba de pie detrás de ella en el umbral.

—No está aquí.

—No esperábamos que lo estuviera, ¿no?

Lesley sintió que se desinflaba.

—No. Pero bueno, por un momento… tuve algo de esperanza.

—Se lo han llevado, jefa. Solo tenemos que averiguar adónde.

—A mí me lo vas a decir. —Se volvió hacia el sargento de los agentes autorizados—. Saque a su equipo de aquí lo más rápido posible, podrían estar contaminando pruebas.

—Saben que deben tener cuidado.

Los agentes salieron a toda prisa y dejaron a Lesley y a Dennis solos en la casa. Lesley miró hacia lo alto de la escalera.

—¿Por dónde empezamos?

—¿Dónde creemos que estaba cuando se lo llevaron? —preguntó Dennis.

—Por el sándwich yo diría que en el salón.

—Vale, pues empecemos por ahí.

Lesley levantó una mano para impedirle que entrara.

—Esperemos a Gail —dijo—. Que haga un barrido en condiciones y determine si dejaron algo atrás.