Capítulo 76
CAPÍTULO SETENTA Y SEIS
Lesley irrumpió en la oficina. Casi corrió a su despacho, se dejó caer en la silla y luego salió de nuevo, con la respiración entrecortada. Necesitaba hablar con el superintendente. Si Asuntos Internos había detenido a Davison y no se lo habían dicho…
—Jefa —dijo Tina—. El superintendente te andaba buscando.
—Me lo imagino —replicó ella.
Tina frunció el ceño.
—¿Va todo bien?
—Han detenido a Christian Davison. Ayer por la tarde. Lo vio un vecino. Supongo que sería Asuntos Internos.
Tina frunció el ceño.
—¿Estás segura, jefa?
—¿Por qué no iba a estarlo?
—No sé.
Stanley levantó la vista de su escritorio.
—El superintendente parecía confuso, jefa.
—¿Confuso en qué sentido? —preguntó Lesley.
Stanley se encogió de hombros.
—Ni idea. Pero sugiero que vaya a verlo cuanto antes. Estaba cabreadísimo.
Lesley lo miró.
—Sigue investigando a Christian Davison. Dennis está interrogando al resto de los vecinos.
Salió furiosa de la oficina y se apresuró hacia el despacho del superintendente. Llamó a la puerta y no pudo evitar contener el aliento mientras esperaba.
—Adelante —se oyó su voz.
Lesley abrió la puerta de un empujón y la cerró de un portazo a sus espaldas.
El superintendente, que estaba detrás de su escritorio, se puso en pie.
—Lesley.
—¿Qué está pasando, señor? Hemos hablado con un vecino de Christian Davison y nos ha dicho que nuestro único sospechoso fue detenido ayer por la tarde.
Carpenter la miró.
—¿Detenido?
Se humedeció los labios.
—Sí, señor. Supongo que fue idea de Asuntos Internos.
Carpenter negó con la cabeza.
—Asuntos Internos fue a su casa ayer por la noche, pero no estaba.
Lesley apoyó una mano en el escritorio de Carpenter para sujetarse.
—Perdone, ¿me lo puede repetir?
—Asuntos Internos fue a su casa y no había nadie.
—¿A qué hora fue eso?
—Anoche, sobre las siete.
Eso fue después de que Dennis y ella hubieran estado allí.
—Señor —dijo—, ¿está seguro de que Asuntos Internos no lo ha arrestado?
—Lesley —dijo Carpenter, inclinándose sobre el escritorio—, ya veo que crees que soy un idiota. Pero sabría si un sospechoso en un caso de asesinato fue detenido.
—Entonces, ¿quién demonios lo detuvo?