Capítulo 75
CAPÍTULO SETENTA Y CINCO
Tina había pasado la noche en su piso. Seguía sin estar lista para hablar con Mike.
Al entrar en la oficina, se armó de valor.
Sabía que se molestaría porque había vuelto y no le había avisado.
Se sintió aliviada al ver que Stanley había llegado primero y que Mike aún no estaba.
Típico de Mike llegar tarde. Miró el reloj.
Las nueve menos cinco. Vale, todavía no era tarde, no oficialmente.
—Buenos días, Tina —dijo Stanley—. ¿Ya has vuelto de Lyme Regis?
Se encogió de hombros mientras se quitaba la chaqueta y la dejaba sobre el respaldo de su silla.
—Sí, vas a tener que aguantarme otra vez.
—Me alegro de que hayas vuelto, esto no es lo mismo sin ti —replicó con una sonrisa.
—Es un detalle por tu parte. ¿Te traigo algo?
Stanley soltó una carcajada.
—No lo decía con segundas.
—Ya sé que no, pero voy a la cocina de todas formas.
—En ese caso, un café con dos de azúcar, por favor.
Tina se alisó la chaqueta y se dirigió a la puerta. Justo en ese momento, entró Mike. Se le quedó mirando al abrir la puerta, desconcertado.
—Tina —dijo él.
—Hola, Mike. Ya he vuelto —dijo con una sonrisa y el corazón desbocado.
—Ya lo veo. ¿Por qué no me avisaste?
—Lo siento, llegué tarde anoche y necesitaba dormir.
Mike miró a Stanley y luego a ella. A Tina le dio la sensación de que Mike se estaba guardando algo, pero no quería tener esa conversación en la oficina, con Stanley de testigo.
—Iba a la cocina. ¿Te traigo un café?
—Sí, por favor.
Tina se dirigió a la cocina; sentía el cuerpo pesado. Preparó tres cafés y los llevó de vuelta a los escritorios. Cuando llegó, tenían visita: el superintendente Carpenter.
—Señor —dijo ella—. ¿Va todo bien?
Miró hacia el despacho de la inspectora. Estaba vacío, ¿y dónde estaba el sargento?
—No —dijo él—. Pero no hace falta que te preocupes por eso.
Stanley se puso en pie.
—¿Podemos ayudarle en algo, señor?
El superintendente miró hacia el despacho de la inspectora.
—¿Dónde está la jefa?
—Aún no ha llegado —dijo Tina—. Supongo que está fuera...
—Avisadme en cuanto llegue. Necesito hablar con ella urgentemente.