Capítulo 71
CAPÍTULO SETENTA Y UNO
Tina no tenía mucho equipaje. Al fin y al cabo, no había previsto quedarse a dormir en Lyme Regis. Aun así, su madre le entregó una bolsa de la compra para las pocas cosas que quería llevarse de vuelta.
—¿Cuándo vas a volver? —preguntó Annie.
Tina negó con la cabeza.
—Mamá...
—Mira, tu hermana necesita ayuda con la niña y a ti no te vemos nunca. Ya sé que estás muy ocupada con el trabajo, pero...
Tina se volvió hacia su madre.
—No te preocupes. Volveré en un par de semanas, con Mike.
A su madre se le iluminó el rostro.
—Por fin voy a conocer al famoso Mike.
—Te caerá bien —dijo con una sonrisa.
—Claro que me caerá bien, cariño. —Annie atrajo a su hija hacia sí y la besó en la frente—. Me gustará si a ti te gusta.
Tina se rio.
—No siempre funciona así, mamá. ¿Te acuerdas de Adam, con el que salí en bachillerato?
Annie resopló.
—Tenías dieciséis años, no eras lo que se puede decir sensata.
Tina pensó en Adam. Había oído que lo detuvieron hacía un par de años por posesión de drogas. No, desde luego que por aquel entonces no tenía muy buen juicio.
—Bueno —dijo, cogiendo la bolsa de la compra y poniendo una mano en el brazo de su madre—, te llamo. Y fijamos una fecha.
Tina suspiró. Su madre tenía razón. Sabía que si no acordaba algo en ese momento, el tiempo pasaría, surgirían cosas y nunca ocurriría, o al menos no hasta dentro de unos meses, y para entonces...
Se sacó el móvil del bolsillo.
—Vale. Suponiendo que este caso esté cerrado, ¿qué tal dentro de dos sábados?
Su madre se rio.
—Mi vida social no es tan ajetreada, cariño. Estaré aquí. ¿Vendréis a casa?
—Había pensado que podíamos salir por Lyme, ir a un pub o algo.
Annie la atrajo de nuevo para darle otro abrazo.
—¿Hay algo que no me estés contando, cariño? Me sorprende que no hayas vuelto más a menudo a ver a Naomi. Anteayer fue la primera vez que viste a la niña, y ya tiene cuatro meses.
Tina se apartó, tomando los brazos de su madre. Respiró hondo. ¿Estaba preparada para contárselo? Ni siquiera se lo había dicho aún a Mike.
—Vale, mamá —dijo—. Esperaba que esto desapareciera pero, bueno, no lo ha hecho.
Annie ladeó la cabeza.
—Puedes contármelo, sea lo que sea.
Tina se humedeció los labios.
—Estoy embarazada, mamá.
Annie se apartó de un brinco. Dio una palmada.
—¡Ay, Tina! ¡Qué maravilla!
Tina se dejó envolver por los brazos de Annie.
—No llevo tanto tiempo con Mike, ni siquiera vivimos juntos.
—Ya lo solucionaréis. Seguro que es un chico encantador.
—Es un hombre —corrigió Tina.
—Bueno, sí, un hombre —repitió Annie—. ¿Quiénes son sus padres? ¿Los has conocido?
—Su madre vive en Bournemouth, su padre... Su padre era de Jamaica, pero hace unos años que no lo ve.
—Qué pena. ¿Crees que ahora que Mike va a tener un hijo podría reconciliarse con él?
Tina se puso rígida. Mike se había negado a hablar de su padre cada vez que había intentado sacar el tema. No iba a tentar a la suerte ahora. Sobre todo cuando estaba a punto de decirle que él mismo iba a ser padre.
«Dios, ¿cómo reaccionará?»