Capítulo 72
CAPÍTULO SETENTA Y DOS
Lesley agarró la botella de vino que había en la encimera de la cocina. Cuando iba a servirse una copa, se detuvo. La dejó, volvió a guardar la copa en el armario y cogió un vaso de whisky. Necesitaba algo más fuerte.
Mientras rebuscaba en el armario una botella de Talisker, oyó cerrarse la puerta de la entrada. Sintió que sus músculos se relajaban. «Gracias a Dios».
Se incorporó, con la botella todavía en la mano.
—¿Elsa?
Elsa apareció en el umbral del salón.
—Perdona. Has intentado localizarme, ¿verdad?
—¿Va todo bien?
Elsa negó con la cabeza y se secó una mejilla. Lesley dejó la botella y fue hacia su novia.
—¿Qué pasa, cariño?
Elsa hundió la cabeza en el pecho de Lesley.
—Creo que me he librado de él.
—¿De quién?
Elsa se apartó. Miró a los ojos a Lesley, los suyos enrojecidos.
—Tengo que contarte algo.
—Vale. —Lesley miró hacia la cocina—. ¿Crees que un trago de whisky te ayudará?
—Y tanto que sí —respondió Elsa con una sonrisa.
—Hecho.
Lesley guio a Elsa hacia el sofá y volvió a la cocina, donde sirvió dos generosos vasos. Se sentó junto a Elsa en el sofá, con las rodillas rozándola, y dejó los vasos en la mesita de centro. Tras un instante, los cogió y le dio uno a Elsa, que bebió con avidez y luego se secó la boca.
—Mucho mejor.
Lesley bebió un sorbo del suyo y lo dejó en la mesa.
—¿Qué es lo que tienes que contarme?
Sintió que el corazón se le aceleraba. ¿Tendría que ver con el caso?
Elsa bebió de nuevo. Dejó que el vaso vacío cayera sobre su regazo.
—He hecho algo… —Dudó, cerrando los ojos para volver a abrirlos—. He hecho algo ilegal, cariño.
Lesley apretó los dientes.
—Vale.
—Destruí un documento para un cliente.
—¿Qué clase de documento?
—¿Lo ves? Te lo noto en la voz. Me estás juzgando.
—No te estoy juzgando —dijo Lesley—. Solo cuéntamelo.
—Sabes que trabajo para Arthur Kelvin, ¿verdad? Represento sus intereses empresariales.
Lesley asintió.
—Bueno, pues hay más que eso. Me ha involucrado en algún que otro… digamos... asunto turbio.
—¿Tiene algo que ver con la muerte del inspector Mackie? —preguntó Lesley, observando la reacción de Elsa.
Elsa frunció el ceño.
—No. ¿Por qué iba a tener algo que ver con eso?
—Por las llamadas —contestó Lesley—. Estuviste en contacto con Tim Mackie antes de que muriera.
Elsa negó con la cabeza.
—Eso era por un caso en el que estaba trabajando. Él era un testigo.
—¿Por qué hablabas con un testigo de la acusación en un caso penal?
—No era un testigo de la acusación. Era un testigo de la defensa.
—¿De la defensa de quién?
Elsa bajó la mirada, dándose cuenta del vaso en su regazo. Lo cogió y lo puso sobre la mesa.
—Había un chico llamado Ajit Malhotra, acusado de narcotráfico. Resultó que Mackie había visto al chaval a la misma hora en la que se suponía que tuvo lugar el delito.
—¿En qué circunstancias? —preguntó Lesley.
—Cuando todavía estaba en el cuerpo. Lo había parado en la calle; él y otros chicos estaban causando problemas en el centro de Swanage.
—Vale.
La mente de Lesley iba a toda velocidad. Así que Elsa tenía una razón legítima para estar en contacto con Mackie. Pero ¿por qué había usado el teléfono de Harry Nevin?
—El teléfono que usaste —dijo—. ¿Era el que usabas para los negocios con Arthur Kelvin?
Elsa asintió.
—El inspector Mackie prefería que nuestras conversaciones fueran anónimas. Soy abogada, Lesley, no policía. Si un testigo pide anonimato, se lo doy.
—¿Por qué quería eso?
Elsa suspiró.
—No lo sé, pero yo solo quería tenerlo contento como testigo. Su declaración iba a liberar a mi cliente. Pero no se sentía cómodo siendo testigo de la defensa en un caso relacionado con el crimen organizado.
—Me lo imagino.
Elsa miró a Lesley.
—No es de esto de lo que quería hablarte.
—No. —Lesley se rascó la mejilla—. El documento que destruiste para Arthur Kelvin…
Elsa asintió.
—Me pillaron. Lo planeé para que me pillaran, y funcionó.
—¿Qué quieres decir con que funcionó?
—La asistente personal de Harry, Sam Chaston, ¿te acuerdas de ella?
—Vagamente —dijo Lesley—. ¿Qué tiene que ver con esto?
—Lo preparé para que me viera destruir ese documento e informara a Aurelia Cross.
—¿Y ahora te van a inhabilitar? —preguntó Lesley.
Elsa negó con la cabeza.
—Aurelia no va a denunciarme al Colegio de Abogados, sabía que no querría que investigaran el bufete demasiado a fondo. Pero sí que me ha despedido.
Lesley puso una mano sobre la rodilla de Elsa.
—Mierda, Elsa. Lo siento mucho.
Elsa sonrió.
—No, ¿no lo ves? Esa es la clave. Quería que me despidieran para no poder representar a Kelvin. Su contrato es con el bufete, no conmigo.
—Así que ¿infringiste la ley para librarte de la relación con un cliente?
—Necesitaba una razón legítima para no representarlo más. No podía negarme a trabajar para él sin más. Kelvin jamás lo habría aceptado, y Aurelia tampoco. Pero ahora no queda otra opción. Puedo fingir que quería seguir trabajando para él, pero Aurelia me lo ha quitado de las manos.
—Entonces, ¿Aurelia lo va a representar ahora?
—Sí. No. No sé. ¿Qué más da quién? —Elsa agarró la mano de Lesley—. Lo importante es que me he librado de Arthur Kelvin. Voy a montar mi propio bufete, todo va a ser legal y como Dios manda. Sam va a ser mi asistente personal.
—¿Sam?
—Sam Chaston, la que me pilló destruyendo el expediente.
Lesley miró a su novia. Elsa había infringido la ley, pero lo había hecho para evitar representar a un hombre que seguramente la haría infringirla de una manera mucho más grave.
—¿Por qué lo hiciste ahora? —le preguntó.
—¿No te parece obvio? —replicó Elsa, soltando la mano de Lesley—. Fogarty y Lawson.
—Tenías miedo.
—Representaban a Kelvin —le dijo Elsa—. Eso es lo que me contó Aurelia.
Sabían cosas sobre él, y no iba a dejar que se jubilaran.
Hizo que los mataran. Yo... bueno, yo no llevo trabajando para él tanto tiempo como ellos, ni como Harry.
No sé nada importante. No soy un riesgo para él.
He salido antes de que sea demasiado tarde.