Los crímenes de la playa de fósiles (Inspectora Lesley Clarke 6) Capítulo 69
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Capítulo 69

CAPÍTULO SESENTA Y NUEVE

Lesley abrió la puerta del apartamento y tiró el bolso al suelo.

Estaba cansada. Dormir en aquella minúscula habitación de invitados en Lyme Regis, con el ruido de las gaviotas, ya había sido bastante malo. Encima ahora tenía que lidiar con la reaparición de Sadie Dawes, y eso sin mencionar la reapertura de la investigación sobre Mackie.

A Carpenter no le había gustado que involucrara a Zoe, pero no la había sancionado, por motivos que no había querido compartir. Tenía la sensación de que ahora que las cosas habían salido a la luz, quizá no sería tan prudente.

Entró en el salón, remangándose.

—¡Elsa! —la llamó—. Ya he vuelto.

El salón estaba a oscuras. Encendió la luz y miró a su alrededor. Estaba vacío, sin rastro de que hubiera alguien. La cocina estaba limpia, con un par de vasos en el escurridor junto al fregadero.

—Elsa —repitió.

Salió del salón y fue al dormitorio. A veces, Elsa se sentaba en la cama, recostada contra las almohadas con el portátil.

El dormitorio también estaba a oscuras.

—¿Dónde estás? —murmuró Lesley.

Cogió el móvil y marcó el número de Elsa: buzón de voz.

Marcó el segundo número. Apagado. Se sentó en la cama y luego se tumbó, con la mirada perdida en el techo.

No tenía ni idea de lo que la reapertura de la investigación sobre la muerte del inspector Mackie significaría para ella.

¿Iba a meterse en un lío o estaba a punto de vivir su momento de gloria?

Volvió a coger el móvil.

—Hola, jefa.

—Zoe —dijo Lesley—. No soy tu jefa.

—Perdona, Lesley. ¿Qué tal todo?

—Van a reabrir la investigación sobre la muerte de Mackie.

Lesley se incorporó y se pasó una mano por el pelo. Sabía que Zoe no podía ver el estado en el que se encontraba, pero aun así…

—¿Por qué? —preguntó Zoe.

—Sadie Dawes ha vuelto a aparecer. Por lo visto, ha conseguido una copia de su nota de suicidio.

Un silbido sonó al otro lado de la línea.

—Joder.

—Exacto —dijo Lesley.

Ninguna de las dos quería que la prensa lo hiciera público antes de que la policía se hiciera cargo del asunto, pero parecía que ya era demasiado tarde para eso.

—¿Puedo ayudarte en algo? —preguntó Zoe.

—Tienes que mantenerte bien alejada de todo —le dijo Lesley—. Me preocupa haberte metido en problemas.

—Lo siento.

—No es culpa tuya, fui yo quien te lo pidió.

—Podría haber dicho que no.

—¿Lo habrías hecho?

Una pausa.

—No —dijo Lesley—. No creo que lo hubieras hecho.

—No —coincidió Zoe.

—Solo tengo una pregunta para ti —le dijo Lesley.

—Adelante.

—Sadie Dawes, ¿no habrás vuelto a saber de ella?

—Te habría llamado de inmediato si lo hubiera hecho.

—Vale, gracias. Cuídate.

—Lo haré —dijo Zoe—. Carl y yo vamos a comprar una casa, ven a visitarnos la próxima vez que te pases por Birmingham.

Lesley sonrió.

—Enhorabuena. Me encantaría.

Colgó y se quedó mirando el móvil un momento. ¿Debería intentar llamar a Sadie? ¿Averiguar qué tenía esa mujer?

Eso solo le traería más problemas.

Lanzó el móvil al otro lado de la cama. Rebotó un par de veces antes de caer por el otro lado. Volvió a tumbarse.

«Elsa, ¿dónde demonios estás?».