Los crímenes de la playa de fósiles (Inspectora Lesley Clarke 6) Capítulo 62
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Capítulo 62

CAPÍTULO SESENTA Y DOS

Lesley y Dennis se pararon frente a la casa de Christian Davison. Lesley le había dicho a Carpenter que iban para allá, y este, a regañadientes, les había dado su autorización con la condición de que lo único que harían sería interrogar a Davison, sin detenerlo.

Necesitaban saber si esa pistola había caído en manos de otra persona.

Quizá se la habían robado, ¿o a lo mejor Christian Davison se la había dejado a alguien?

Dios sabría por qué podría haber hecho algo así, pero tenían que concederle el beneficio de la duda.

Tenía un expediente de servicio impecable; Stanley lo había buscado en la base de datos y no encontró ninguna mancha en su historial.

Así que allí estaban, con la única intención de hacer preguntas. Sin necesidad de orden judicial, sin detención planeada.

Miró la casa por encima del hombro de Dennis. Era un adosado achaparrado a las afueras de Poole.

—¿Crees que nos espera? —preguntó ella.

Dennis se mordió el labio.

—Depende.

—¿De qué?

—De las respuestas a tus preguntas —sonrió Dennis.

—A las nuestras —rectificó—. Si es que dice la verdad.

—De lo único que tenemos constancia es que su pistola se encontró en la escena del crimen.

No sabemos con certeza si fue disparada, no tenemos las balas.

Y si la usaron, desconocemos quién fue. Incluso aunque no hubieran pasado diez años, un agente de armas de fuego sabría cómo limpiar los residuos de pólvora.

—Aun así, vale la pena intentarlo.

Lesley escudriñó la casa. Estaba en silencio, sin movimiento.

—Lo sé —suspiró Lesley—. Todo es bastante circunstancial por ahora. Pero quiero saber qué tiene que decir en su defensa.

Abrió la puerta y rodeó el coche, esperando a Dennis. Se enderezó la chaqueta y subió con paso decidido por el camino. Llamó con fuerza a la puerta principal.

Dennis se reunió con ella y esperaron. Sin respuesta. Dennis se inclinó y golpeó la aldaba de nuevo.

—Ya lo he hecho yo —le dijo Lesley.

—No ha respondido.

—¿Crees que va a oírlo mejor un par de minutos después?

—Bueno, jefa. Lo siento. ¿Va todo bien?

—Perdona, Dennis. —Lesley cerró los ojos para recomponerse—. ¿Vamos por detrás a ver si está allí?

—Hay una verja —explicó Dennis—. Y no tenemos ningún motivo para cruzarla. Ni orden judicial ni razón para pensar que está en peligro.

Lesley miró a su compañero.

—Si le robaron la pistola, que acabamos de encontrar, y la usaron para matar a dos abogados, entonces podría estar en peligro.

—No, jefa. Me refiero a un peligro inminente. Tendríamos que haber visto algo.

—Tienes razón.

Caminó por el estrecho camino que llevaba a la verja lateral y la sacudió. Estaba cerrada con llave.

—Maldita sea —masculló entre dientes, mirando hacia atrás para asegurarse de que Dennis no la había oído.

Regresó al frente de la casa y fue a la ventana delantera, donde apoyó las manos para mirar dentro. Sobre una mesita auxiliar había un sándwich a medio comer y una taza. Un bloc de notas y un bolígrafo estaban en la mesa de centro y la televisión estaba encendida. Se enderezó y negó con la cabeza.

—Si se fue de aquí, fue con prisa.

—¿Por qué lo dices?

Le hizo un gesto hacia la ventana.

—Echa un vistazo.

Dennis miró dentro.

—Podría haber salido un momento a comprar algo.

—¿Y dejar la tele encendida?

—Jefa, no tenemos ninguna base sólida para pensar que está en peligro.

—Ha dejado su sándwich a medio comer y la tele encendida. ¿No crees que alguien pudo haberlo obligado a irse?

—Con todo respeto, jefa, no hay señales de que hayan forzado la entrada. No hemos recibido ninguna llamada al 999. No tenemos motivos...

Se golpeó el muslo con el puño.

—Lo sé. Son solo conjeturas. —Y sabía tan bien como Dennis que, si se desviaban del procedimiento correcto en un caso que involucraba a un agente de policía en activo, perjudicaría gravemente cualquier caso contra él. Y algo peor.

—Volvamos en otro momento —dijo Dennis.

—Terminó su turno hace cuatro horas. Si no está en casa, ¿dónde está?

—¿Se ha ido al pub? ¿A visitar a su novia?

—Hay un sándwich a medio comer en la mesa.

—Quizá no sea muy ordenado.

—No, mira. La casa está impecable.

Dennis echó otro vistazo.

—Tienes razón. Lo único fuera de lugar es ese sándwich y la taza.

—Lo que significa que lo interrumpieron —dijo Lesley.

—Es posible.

—La pregunta es: ¿quién?