Capítulo 61
CAPÍTULO SESENTA Y UNO
Tina estaba detrás de la furgoneta del CSI, dando pisotones en el suelo y palmadas en los brazos para intentar entrar en calor.
—¿Y bien, eso es todo? —le preguntó al técnico del CSI.
Brett estaba cargando maletines de instrumental en la parte trasera de la furgoneta. Retrocedió para echar un vistazo y luego cerró las puertas, volviéndose hacia Tina.
—Hemos terminado. Aquí no vamos a encontrar nada más. Tenéis la pistola, es vuestra principal prueba.
—¿No habéis encontrado ningún casquillo? —preguntó Tina.
—Qué va, han pasado diez años, colega. Eso habría sido un milagro. —Brett bostezó—. No me apetece nada el viaje de vuelta a Dorchester. Estoy hecho polvo.
Tina sonrió. ¿Le estaba tirando los tejos?
«Lo siento, tengo pareja».
—¿Y tú qué? —le preguntó Brett—. ¿Te quedas un poco más o ya te vuelves?
Tina negó con la cabeza.
—No hay razón para quedarse. La investigación se traslada a la oficina dado que no hay testigos en Lyme Regis. Ya hemos hablado con todo el que podría sernos de utilidad.
—¿Vas a echar de menos a tu madre?
—¿Cómo sabías...?
—Lo siento. Me lo dijo Gail. No debería ser tan cotilla. Deformación profesional, ¿no?
Tina se encogió de hombros.
—Puede ser.
Había estado bien ver a su madre unos días. Dormir en su antigua cama, que la atendieran. Pero empezaba a cansarse y echaba de menos a Mike. Tenían que hablar.
—Nos vemos en la oficina —le dijo Tina a Brett.
—Lo más probable —respondió Brett—. Ve con cuidado, Tina. Y cuídate.
Tina frunció el ceño.
—Por supuesto que lo haré.
Brett le dedicó una sonrisa y le dio una palmada en el hombro.
—Hasta luego.