Los crímenes de la playa de fósiles (Inspectora Lesley Clarke 6) Capítulo 36
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Capítulo 36

CAPÍTULO TREINTA Y SEIS

Lesley consultó su reloj mientras salía con Tina de la comisaría de Lyme Regis. Estaba indecisa. ¿Debía quedarse allí para supervisar la investigación local y la búsqueda forense? ¿O volver a la oficina para estar más cerca de la investigación sobre las víctimas?

—Jefa —dijo Tina, señalando con la cabeza—. Tu coche está por aquí.

Lesley sacudió la cabeza para despejar la niebla que la había envuelto.

—Perdona, Tina. Tenía la cabeza en otra parte.

Se dirigió al coche. Iría a la escena del crimen con Tina, le diría a Gail lo que buscaban y luego decidiría qué hacer.

—Conduce tú —le dijo a Tina. No estaba en condiciones de circular por las estrechas y empinadas calles de Lyme Regis.

El día anterior habían esperado diez minutos mientras dos autobuses intentaban cruzarse en una calle increíblemente estrecha.

Si por ella hubiera sido, habría hablado con los conductores, y no con mucha paciencia, o al menos habría intentado pasar ella misma.

Pero Tina simplemente había apagado el motor para esperar junto con un grupo de peatones, que parecían considerarlo el entretenimiento del día.

El teléfono de Lesley sonó cuando subía al asiento del copiloto. Al ver quién era, abrió la puerta del coche.

—Espera un momento, Tina. —Salió y se apoyó en el coche, con un brazo en el techo.

—Hola, cariño. ¿Todo bien?

—¿Hay alguna razón para que no lo esté? —preguntó Elsa.

Lesley apretó el puño sobre el techo del coche.

—Tu bufete va a recibir una visita de Dennis. Los cadáveres que encontramos en Lyme Regis eran antiguos socios del bufete.

Elsa silbó.

—Vaya. ¿Cómo se llamaban?

—Kenneth Fogarty y Catherine Lawson.

—He oído hablar de ellos, pero nunca los conocí.

—Tiene sentido —replicó Lesley—. Murieron hace al menos diez años, mucho antes de que tú llegaras.

—¿Debería avisar a Aurelia?

—No. De hecho, yo no te lo he dicho.

—No —convino Elsa—. Probablemente no deberías haberlo hecho. Le daré a Dennis una hora; si para entonces no ha llegado...

—Llegará —le dijo Lesley—. En fin, ¿por qué me llamabas?

—Quería disculparme.

—¿Por qué?

—Por lo de anoche al teléfono. Estaba distraída, con cosas del trabajo. No debería pagarlo contigo.

—No te preocupes —le dijo Lesley—. Para eso estoy aquí. ¿Hay algo de lo que quieras hablar?

Contuvo la respiración. Elsa había estado en contacto con el inspector Mackie antes de que muriera. Era algo en lo que Lesley no dejaba de pensar y estaba bastante segura de que Elsa también.

—¿Nada que quieras contarme? —repitió.

—No —dijo Elsa—. Al menos hoy no. Puede que te lo cuente el fin de semana.

Lesley golpeó el techo del coche.

—Elsa, ¿esto es relevante para el caso?

—¿Qué caso?

—El de Fogarty y Lawson, tus antiguos socios.

—No. —Elsa parecía perpleja—. ¿Crees que lo es?

—No lo sé —replicó Lesley.

No mentía. Los dos asesinatos bien podrían estar relacionados con lo que fuera que Elsa había estado tratando con Mackie. O podría ser una coincidencia.

—Elsa —dijo—, ¿estás segura de que no quieres contarme qué es lo que te preocupa?

—Te lo contaré el fin de semana —respondió Elsa—. Te lo prometo.