Los crímenes de la playa de fósiles (Inspectora Lesley Clarke 6) Capítulo 35
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Capítulo 35

CAPÍTULO TREINTA Y CINCO

Tina estaba apoyada en el mostrador de la comisaría de Lyme Regis, dándole sorbitos a una taza de té, cuando su jefa entró a toda prisa. Se sobresaltó y casi se le cae la bebida.

—Jefa —dijo, dejando el té sobre el mostrador y bajando la vista hacia la taza—. ¿Cómo ha ido la autopsia?

—Ya tenemos la causa de la muerte. —La inspectora miró a Dougie, que estaba al otro lado del mostrador—. Vayamos a esa celda otra vez.

Tina frunció el ceño.

La jefa apoyó una mano en el mostrador, con la mirada fija en Dougie.

—¿Dónde está su sargento?

Dougie le dirigió una mirada de confusión a la inspectora.

—Voy a buscarlo.

En cuanto él salió de la sala, Tina se acercó a su jefa.

—¿Qué pasa? —preguntó—. ¿Hay algo que no quieres que Dougie sepa?

La inspectora negó con la cabeza.

—Gareth Bamford ha dado con la causa de la muerte de Fogarty. Y tenemos más información sobre ambas víctimas.

Tina asintió antes de preguntar:

—¿Qué clase de información?

La jefa inspiró hondo y negó con la cabeza.

—Esperaremos a que llegue el sargento Connor. Venga. —Pasó rozando a Tina y cruzó la puerta que daba a la parte principal de la comisaría. El sargento caminaba hacia ellas, desconcertado.

—¿Va todo bien? —preguntó—. Parece que ha visto un...

—Sí —replicó la inspectora—. Necesito hablar con usted.

Le hizo un gesto a Tina para que los siguiera y se dirigió a la celda donde habían hablado con Dougie y Wendy el día anterior.

La jefa entró y se dejó caer en una silla.

Tina la siguió y se quedó de pie a un lado.

El sargento Connor tomó asiento frente a la inspectora, apoyó los codos en la mesa y entrelazó los dedos.

—¿Qué ha ocurrido? —preguntó el sargento—. ¿Es algo delicado?

La inspectora lo observó por un momento.

—Tenemos dos nuevos datos. —Miró a Tina—. Supongo que no has conseguido nada más de la escena del crimen, ¿verdad?

Tina negó con la cabeza.

—Gail y Brett siguen allí. Pero me temo que no. Ha pasado demasiado tiempo.

La inspectora se desplomó en la silla.

—Así es, pero estamos buscando pruebas de un arma. Balas, quizá el arma en sí.

El sargento se rascó la cabeza.

—¿Un arma?

La inspectora se mordió el labio inferior.

—La causa de la muerte de Kenneth Fogarty es una herida de bala en el cuello.

—Pobre hombre —dijo Connor con una mueca.

—Desde luego. ¿Conoce alguna banda local que pudiera tener acceso a armas en la época en que se produjeron los asesinatos?

—Esto es Lyme Regis, señora.

—Me imaginaba que diría eso. ¿Ninguna banda? ¿Actividad de drogas?

—Sí, pero a muy bajo nivel. Lo más grande está en Exeter.

—¿No en Bournemouth o Dorchester?

—La gente de aquí tiende a orientarse hacia Devon. Las carreteras son más directas.

La inspectora gruñó.

—Y no tengo muchas esperanzas de encontrar nada en la escena del crimen.

—No habrá nada después de diez años —dijo él—. Los fragmentos de bala podrían haberse esparcido por cualquier parte a estas alturas. Se los podrían haber llevado los pájaros.

La inspectora lo miró.

—Existe la posibilidad de que abandonaran el arma en la escena del crimen.

Connor cruzó las piernas antes de continuar.

—Cualquier criminal con acceso a un arma seguro que es lo bastante sensato, o lo bastante malvado, como para llevársela después.

—Aun así —dijo la inspectora—, eso es lo que quiero que busquen los de la científica.

—Es su investigación —replicó Connor mientras se encogía de hombros.

—Sin embargo, necesito su ayuda.

—Por supuesto.

—No quiero que se hable de disparos entre la población local antes de lo necesario. Tengo la sensación de que esta es una comunidad muy unida, y preferiría no decírselo por ahora a sus agentes.

—Confío implícitamente en esos agentes.

Tina se rascó la piel del brazo, inquieta. Conocía a Dougie y a Wendy desde que era niña. Pero sabía cómo era la gente de allí.

El sargento miró a Tina. Ella asintió.

—De acuerdo —dijo él—. Pero no me culpe si se filtra por otro lado.

—No lo haré —dijo la inspectora—. Tina, ¿puedes llamar a Gail para ponerla al día?

La jefa apoyó una mano en la mesa.

—Hay otra cosa —dijo, con la mirada fija en el sargento—. ¿Ha oído hablar de un bufete de abogados llamado Nevin, Cross y Short?

Tina contuvo el aliento. Conocía ese bufete. Harry Nevin, el socio principal, había sido víctima de un asesinato. Elsa Short, la socia más reciente, era la novia de su jefa.

El sargento Connor negó con la cabeza.

—No he oído hablar de ellos. ¿Quiénes son?

—Kenneth Fogarty y Catherine Lawson eran socios de ese bufete —le informó la inspectora—. Su nombre hace diez años era Nevin, Fogarty y Lawson.

Tina no se dio cuenta de que había soltado un grito ahogado hasta que notó que la inspectora se había girado hacia ella y la miraba con el ceño fruncido.

—Perdón, jefa —murmuró.

¿Qué significaba aquello? Sabía que había algo entre Lesley y Elsa, pero ¿estaba relacionado con este caso?

La inspectora cerró el puño sobre la mesa.

—Ya he hablado con Dennis. Va a hacerle una visita a Aurelia Cross, para averiguar qué sabe sobre la lista de clientes de Fogarty y Lawson antes de que murieran.

—De acuerdo —asintió Tina—. ¿Qué hay de las familias?

—Dennis todavía está reconstruyendo los hechos; Stanley y Mike también.

Tina no había llamado a Mike desde su llegada. Se preguntó si él siquiera se habría dado cuenta.

—¿Qué necesitas que haga, jefa? —preguntó.

—Acompáñame a la escena del crimen.