Los crímenes de la playa de fósiles (Inspectora Lesley Clarke 6) Capítulo 28
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Capítulo 28

CAPÍTULO VEINTIOCHO

—Vale, jefa —dijo Tina—. Me aseguraré de que Gail lo sepa.

Colgó y se giró hacia Sunil, que seguía en la playa con ella.

—Era la inspectora —dijo—. Ya tienen una idea de la fecha de la muerte.

—¿Y?

—Al menos nueve años, como mucho quince.

—¿Cómo lo saben?

—El hombre llevaba un marcapasos, un modelo antiguo. Por lo visto, había un margen de tiempo en el que se lo habrían sustituido.

—Bien —dijo él—. ¿Vas a decírselo tú a Gail o se lo digo yo?

—Ya lo hago yo. —Cogió la radio.

La voz de Gail crepitó en el receptor.

—Tina —dijo—, ¿has encontrado algo?

—He recibido una llamada de la inspectora. Dice que los cuerpos tienen entre nueve y quince años.

—Vale —respondió Gail.

—¿Habéis encontrado algo ahí arriba? —preguntó Tina.

—No, pero estamos a punto de ascender otro tramo de acantilado. Y viene un geólogo de camino.

Tina miró hacia los escalones que bajaban desde el aparcamiento.

En efecto, un hombre con una mochila descendía por ellos.

Al llegar abajo, miró a su alrededor y localizó a Tina y a Sunil en la playa.

Tina señaló hacia arriba, donde estaba Gail, que lo saludó con la mano.

El hombre empezó a caminar por la playa y a subir hacia donde estaba Gail.

—Voy a subir, Sunil. —Tina quería saber qué estaba pasando para informar a la jefa.

—De acuerdo —dijo Sunil mientras se encogía de hombros—. Mándame a la agente Sharman para que me ayude, ¿quieres?

—Eso haré.

Subió con dificultad por los acantilados y sacó el móvil para llamar a Wendy Sharman. Wendy era tres años menor que ella, no alguien a quien recordara del colegio. Pero al igual que Tina, había nacido y se había criado en Lyme.

—Espera. —El terreno estaba suelto y Tina tuvo que concentrarse para mantener el equilibrio—. ¿Puedes echarle una mano a Sunil? En la playa —jadeó, y luego se guardó el móvil en el bolsillo. Necesitaba ambos brazos para esto.

Por fin estuvo de pie junto a Gail y el recién llegado, que debía de ser el geólogo. Era joven, con el pelo rubio alborotado y un chaquetón gris. Tenía una mochila apoyada contra las piernas.

Tina respiró hondo un par de veces. No estaba tan en forma como debería. Oyó un grito a sus espaldas y vio a Wendy unirse a Sunil en la playa. Le devolvió el saludo con la mano.

—Ya le he contado a Andy lo del margen de tiempo —dijo Gail—. Dice que eso significa que tenemos que subir más por la ladera si queremos encontrar dónde enterraron los cuerpos.

—De acuerdo —respondió Tina, consciente de que estaba jadeando.

Miró al geólogo, que a su vez le dedicó una mirada inquisitiva.

—Guíenos —le dijo.

Gail le puso una mano en el brazo a Tina.

—Tómatelo con calma —dijo—. Aún no hemos terminado en esta zona.

—¿Por qué no subo yo a ver si encuentro algo? —sugirió Andy.

Gail hizo un gesto hacia su compañero de traje blanco.

—Brett —lo llamó—, acompaña a Andy.

—Puedo ir solo perfectamente —le dijo Andy.

—Necesita que lo acompañe un agente de la científica. —Gail lo observó fijamente—. Esto es la escena de un crimen. Tenemos que protegerla.

—Sé lo que me hago.

—Mire, compañero. Estoy segura de que tendrá cuidado, pero usted no es un técnico forense cualificado. Brett le mostrará lo que puede hacer sin alterar la escena.

Andy se encogió de hombros y miró a Tina.

—¿Usted también viene? Por cierto, ¿quién es usted?

—Tina —dijo ella, tendiéndole una mano—. Subinspectora Tina Abbott, equipo de investigación de delitos graves.

El geólogo silbó.

—Qué elegancia. ¿Directamente desde Winfrith?

Tina trató de no mostrar su irritación.

—Bueno, no todos los días te topas con un doble asesinato.

—Desde luego que no —dijo él—. Y este fue hace diez años. Como mínimo.

Tina se metió las manos en los bolsillos. No le gustaba el tono del hombre. Pero era un experto en la geografía de estos acantilados, así que tendría que colaborar con él.

—Vamos, entonces —le dijo—. Echemos un vistazo.

Andy miró a Gail, que asintió.

Brett ya estaba con ellos.

—¿Adónde nos dirigimos, Andy? —le preguntó al geólogo.

El joven señaló hacia la cima de la colina.

—La verdad, puede que sea mejor si nos acercamos desde la carretera.

—De acuerdo. —Brett miró a Gail—. ¿Te importa si cojo la furgoneta?

—Un momento —dijo Tina—. ¿Así que vamos a subir todos los escalones, dar toda la vuelta en coche y llegar hasta el punto que está indicando ahí arriba?

—Es la ruta más segura —dijo el geólogo.

—Tiene razón —le dijo Gail—. Y podría darnos una idea de la ruta que siguió el asesino cuando enterró los cuerpos.

—Es casi imposible que quede alguna prueba ahora —dijo Tina—. Después de tantos años…

—Se sorprendería —le dijo el geólogo.

—De acuerdo. —Tina suspiró—. Guíenos.