Los crímenes de la playa de fósiles (Inspectora Lesley Clarke 6) Capítulo 21
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Capítulo 21

CAPÍTULO VEINTIUNO

Lesley y Tina se levantaron temprano, pero no tanto como Annie, que ya estaba en la cocina con el desayuno servido sobre la mesa cuando Lesley bajó.

Lesley echó un vistazo y vio tostadas en una rejilla, una jarra de leche, tarros de mermelada y mantequilla en una mantequera. Todo ello sobre un práctico mantel de hule de cuadros vichy.

Sintió que había viajado en el tiempo.

—Eres muy amable —dijo—. Pero la verdad es que no tengo tiempo para desayunar.

Annie enarcó una ceja.

—Siempre hay tiempo para desayunar —replicó—. Sé cómo es tu trabajo, de un lado para otro todo el día, sin tiempo para comer. Tina era un desastre cuando trabajaba de patrullera. Siéntate y tómate una tostada. No vas a tardar ni cinco minutos.

Lesley le devolvió la mirada y luego la bajó hacia la mesa. Miró el reloj. Podía permitirse cinco minutos, y Tina aún no había aparecido. Retiró una silla y cogió una tostada.

—También tengo café —dijo Annie—. De cafetera, nada de esa porquería instantánea. ¿Quieres una taza?

—Sí, por favor —respondió Lesley, intentando no escupir las migas de la tostada.

Vio a la madre de Tina servir café de una cafetera de filtro y cómo dejaba una taza en la mesa. Se apoyó en el fregadero, con los brazos cruzados y los ojos entornados.

—Espero que no estés planeando que Tina suba a esos acantilados.

Lesley negó con la cabeza. Masticó un par de veces y se tragó la tostada.

—No puedo hablar contigo sobre los detalles de la investigación.

Annie bufó.

—No soy sospechosa, ¿no? Soy la madre de Tina. Solo quiero que esté a salvo.

—Lo sé —dijo Lesley—. Pero realizamos evaluaciones de riesgos. Somos muy cuidadosos.

—Ja —soltó Annie con un resoplido—. Qué evaluaciones de riesgos, ni qué ocho cuartos. Conozco esos acantilados, sé lo peligrosos que son. Esos cuerpos que se movieron. ¿Hasta dónde llegaron?

—Todavía no lo sabemos —le dijo Lesley—. Los de la científica y los ingenieros aún están investigando. Pero, de verdad, no debería hablar de esto contigo.

—Investigando. —Annie ladeó la cabeza—. ¿Hay gente de la zona trabajando en el caso?

—Los ingenieros son de Taunton.

—Eso no es de la zona. La gente que vive aquí conoce esos acantilados como la palma de su mano. Pregúntales a ellos y te dirán lo que pasó.

Lesley oyó pasos a su espalda y se giró para ver a Tina en el umbral.

—Mamá, te dije que solo necesitábamos café. No tenemos tiempo para todo esto. —Señaló la mesa con la mano.

Annie cogió un paquete envuelto en papel de aluminio que tenía detrás.

—Me he tomado la libertad de prepararte unas tostadas con mermelada, para que te las comas en el coche de camino a donde sea que vayáis. Lesley dice que va a velar por tu seguridad.

Tina puso los ojos en blanco.

—Por supuesto que va a velar por mi seguridad, mamá.

—Estupendo. Estamos de acuerdo, entonces. —Annie dio una palmada—. Imagino que tenéis trabajo que hacer. Nos vemos luego.

Con eso, Annie se acercó a Tina y la atrajo hacia sí para darle un beso. Tina miró a Lesley por encima del hombro de su madre, encogiéndose de hombros. Lesley sonrió. ¿Sería ella así con su hija algún día?