Capítulo 19
CAPÍTULO DIECINUEVE
Lesley ahuecó la mano sobre el teléfono. La casa era pequeña y las paredes, finas. No le gustaba la idea de que la madre de Tina escuchara su conversación.
Tras tres tonos, descolgaron.
—Hola.
—Hola, Elsa —dijo Lesley—. ¿Todo bien? ¿Recibiste mi mensaje?
—Estás en Lyme Regis y te quedas a pasar la noche.
La voz de Elsa era tensa.
—Mira —dijo Lesley—, sobre la conversación de la otra noche…
—Para —la interrumpió Elsa—. No quiero volver a hablar de eso.
—Pero tenemos que hacerlo —replicó Lesley—. No quiero que esto se interponga entre nosotras.
Se oyó un suspiro al otro lado del teléfono.
—Es solo trabajo. ¿Por qué no lo ignoramos y fingimos que no existe?
Lesley se recostó en las almohadas. Eran rosas y con estampado de flores.
—No podemos ignorar nuestro trabajo, Elsa. Yo soy inspectora y tú abogada. Entramos en contacto con demasiada frecuencia.
—Ya acordamos que seríamos profesionales cuando empezamos a salir —dijo Elsa.
—Lo sé, pero esto es diferente.
—No lo es. Lo estoy solucionando.
Lesley tragó saliva.
—Eso me dijiste hace meses.
—Esta vez va en serio. He hablado con Aurelia. Tengo un plan.
—¿Quieres compartirlo conmigo?
—Déjame hacerlo primero y te lo contaré cuando haya terminado.
Lesley se pasó una mano por el pelo. Desde que había descubierto que Elsa había estado en contacto con su predecesor, el inspector Mackie, su relación se había tensado.
Había intentado hablarlo con su novia, averiguar qué pasaba.
Elsa se mostraba evasiva, aludía al secreto profesional y se negaba a dar más detalles.
Pero el inspector Mackie no era cliente de Elsa.
Habría sido un policía jubilado, quizá un testigo en un caso antiguo que ella defendía.
¿Por qué no compartía Elsa eso con ella?
—¿Confías en mí, Lesley? —preguntó Elsa.
Lesley apretó el teléfono con más fuerza.
—Sí —dijo, tras un instante de vacilación.
—No lo parece.
—Sí que lo hago —replicó Lesley—. Lo siento, de verdad que sí, en serio.
Un gruñido.
—Bien. Entonces confiarás en que solucione esto. Avísame cuando vayas a volver, ¿vale?
—Por supuesto.
—¿Dónde te alojas?
Lesley sonrió y miró hacia la puerta.
—En casa de la madre de Tina Abbott.
—¡Vaya lujo!
Lesley se rio.
—Y escucha esto: está en Anning Road.
—¿Todas las calles tienen nombres de Mary Anning?
—Solo esta.
—Lo próximo será que me digas que el crimen tuvo lugar en la calle del Ictiosaurio.
—No andas muy desencaminada —replicó Lesley—. La escena del crimen está en los acantilados donde se encontraron esos ictiosaurios.
—Lo he visto en las noticias —dijo Elsa—. Un deslizamiento.
—Descubrieron dos cadáveres —le contó Lesley—. Aún no sabemos quiénes son ni cuánto tiempo llevaban ahí.
—¿Así que igual estás allí un tiempo?
—Espero que no —suspiró Lesley—. Por la mañana iré a Exeter a hablar con la antropóloga forense. Con suerte, nos ayudará a llegar al fondo de este asunto.